El salto, el paraíso que se convirtió en leyenda

Por:

Andres Fabián Espinosa Álvarez

Era un 25 de septiembre cuando nos internamos en el hermoso paisaje que nos regalaba la sabana a unos cuantos kilómetros fuera de Bogotá.

Bajo un rayo de sol que intentaba combatir contra la neblina, descendimos del vehículo para explorar aquel accidente geográfico que en sus épocas doradas brillaba como esa luz que nos acobijaba en ese momento.

Esa catarata que desembocaba sus aguas con furia a una altura de 158 metros rugiendo e imponiéndose como el orgullo de la región.

Lugar en el cual se hilaron historias acerca de personan que encontraron el fin a sus problemas lanzándose a sus aguas, historias de amor y muerte que se convirtieron en leyenda.

Ahora el salto se hunde en sus propias aguas, pudriéndose y muriéndose lentamente por culpa de la contaminación del hombre.

Le restan pocos meses para que sus aguas dejen de correr y expedir esa fetidez que acabó como hogar para los cuervos. Así como se desmoronó el esplendoroso hotel que fue el orgullo de la clase oligarca.

Un hotel que se encuentra ubicado frente al salto hundido entre la miseria y habitado por las almas de aquellos mortales que un día acabaron con su vida.

Aislado por la soledad con habitaciones sin puertas, ni pisos, ni electricidad y encerrados detrás de un portón del que pende un candado grande oxidado por el agua.

Lo que fue un día la parada obligatoria de miles de conductores como excusa para probar la comida de la región y la sensación de placer al observar el hermoso paisaje, con el tiempo pasó a ser una leyenda.

Solo quedan las piedras y un barranco desolado lleno de nostalgia por lo que un día fue y ya no será.

EL REFUGIO DEL OLVIDO Y EL SILENCIO

Por:

Andrés Martínez

Caminar por aquella casa es como viajar sin rumbo fijo,  o mejor a un parecíamos militares  esquivando las posibles minas  que habían en aquel  2 y 3 piso, si huecos que no veíamos por las escaleras, el silencio invadía, solo se escuchaba el sonido de lo que queda de aquella cascada cada vez que abría la ventana, era imaginar como aquella gente se suicidaba en aquel  entonces.

El Refugio del terror  para algunos pero para otros el lugar de encuentros amorosos, lastimosamente  así es el  lugar  donde solo viven los fantasmas del conocido salto te Tequendama  Y junto a ellos el excremento  que  se pudre, no me refiero a los que matan, violan,  o dejan huérfanos  no  , los excremento  de aquellas personas que todavía la visitan.

El 1 piso de sementó donde aparece todavía el hombre sin cabeza con sus 2  perros el fantasma del poder él quien decide quién es aceptado o rechazado en la casa el Refugio. Ya no queda nada solo el recuerdo de lo que para nuestros abuelos algún día fue monumento cultural y quizás pueda volver hacerlo pues el departamento de Cundinamarca quiere volverlo a restaurar.

Esperar si este lugar tan visitado vuelve a nacer para la alegría de muchos y no visitarlo y traerse una imagen triste si no de admiración de este sitio tan representativo como lo es el SALTO DEL TEQUENDAMA Y LA CASA EL REFUGIO.

EL SALTO DEL TEQUENDAMA Y SUS ALREDEDORES

Por:

Laura Zamudio

En la mañana del 18 de septiembre  alas 9 de la mañana los estudiantes de comunicación social y periodismo de la universidad los libertadores y el profesor Hermógenes, salieron hacer un reportaje al lugar mas hermoso pero olvidado por una sociedad actual bacía, mas conocido como el salto del Tequendama, alquilaron un, con la expectativa de llegar y ver este lugar que antiguamente era uno de los mas visitados, se subieron y con rimas y cancines en un largo viaje de una hora llegaron se bajaron y al admirarlo les trajo muchos recuerdos. Un espacio libre puro, solo, sobrio y oscuro que alguna vez tuvo una historia pero que desapareció con el tiempo.

todos bajaron a escuchar al profesor contar tristes historias de lo que venían  hacer la gente despiadada y sumisa en medio de la desesperación, como suicidarse y dejar su vida en medio de la desesperación y no son pocas; son muchas las personas que van se lanzan y lo dejan todo. Después de escuchar historias tristes  en medio de una tarde de sol y alegría se tomaron fotos admiraron el paisaje y siguieron a ver el catillo que inicialmente era un de los hoteles mas lujosos y importantes donde iban las personas mas respetadas de la sociedad a descansar y a ver la casada blanca cristalina y helada que caía sin piedad ,los estudiantes muy intrigados buscaron a alguien que supera bien la historia para saber mas tema y le dijeron al guardia que cuida el hotel pero de un carácter fuerte y nada agradable  les dijo con la mirada todo y respondió el único es el seño                     quien a estado aquí mucho tiempo y se a dado cuenta de todo lo que pasa por acá y efectivamente este señor ya viejo no tan agraciado les conto pero antes les saco para una foto de las que el toma para ganarse la vida y una gaseosa para continuar la historia en medio de muchas preguntas el fue accediendo y conoto historias muy interesantes como la perdida del hotel por el cambio urbano que fu alejando todo lo bueno que quedaba alas afueras y el actual dueño que lo tiene abandonado. Pero lo mas interesante fue lo que algunos estudiantes percibieron alrededor del hotel, se escuchaba música como de muerte y el lugar muy frio entonces le preguntaron al señor y el respondió que cada semana mes años venia la gente a suicidarse y que rondaban por tres días el hotel conto que este tenia tres piso y que cada piso habitaba un espíritu diferente, dijo que en el primero había uno muy juguetón que en el segundo uno que rondaba a cada momento y en el tercero uno que le gustaba escuchar música y que todos los días tocaba ponerle música para que no molestara la familia que habitaba la casa en este caso la familia del guardia que cuida el hotel .

Aun no contentos con eso convencieron al señor para que los dejara entrar al hotel y el les cobro 3000 pesos a cada uno , muchos no quisieron entrar y un grupo reducido como de trece entro ,muy asustados recorrieron el hotel pero solo vieron ruinas, pedazo de cosas rotas cuadros oxidados pero eso si un lugar muy tenebroso tanto de una de las estudiantes casi se desmalla de susto les dio por tomarse fotos y en una se ve una sombra muy sospechosa y miedosa  mientras que los que se quedaron afuera solo pensaban en la perdida de tiempo entrando a un  lugar si ya se sabia que estaba sucio y lleno d escombros.

Después continuaron su recorrido más a delante en la mitad de unos matorrales pudieron entrar ala cascada la cual estaba sucia muy escasa y el olor no era le mejor olía como azufre pasaron entre las piedras uno casi se cae pero después e una largo recorrido y descubrimiento de dieron cuenta dela valor que tenía este inmenso lugar, como también lo inseguro que se había convertido ya que no solo se suicidan sino también botan los fetos de bebes que abortan y vienen hacer sectas satánicas, terminando de corromper lo poco que queda de patrimonio.

UN PARAISO EN VIAS DE EXTINCIÓN

Por:

Angie Scheleimer

En un sitio caracterizado por su belleza natural y cuyo antecedente lo debemos a un Dios Chibcha llamado Bochica  según la mitologia muisca, hemos podido vivensiar que este lugar, El salto de Tequendama no solo se ha convertido en un sitio lleno de aguas putrefactas, producto de los desechos humanos, sino que ademas es ahora el espacio predilecto para aquellas personas  que recurren allí  arrastrando su autoestima y su ego por las piedras peñascosas solo con un fin, terminar con su existencia, una terminación tan definitiva como solo el famoso Salto de Tequendama les podía brindar,  además de ser la vivienda de aquellos chulos que solo siguen el mal olor y esperan ansiosos la caída de un cuerpo que se convertirá en su alimento.

El grupo de Géneros Periodísticos en compañía de su profesor Hermogenes Ardila disidieron realizar una expedición a este atractivo lugar que solo tiene de atractivo su paisaje, que fue en su momento un terreno  muy visitado por aquellas personas acomodadas que querían alejarse un poco de la urbanidad, sin embargo al llegar al Salto de Tequendama vimos una quebrada  que no reflejaba ni la sombra de de lo que alguna vez fue una cascada que con su extensa caída lograba nublar todo el paisaje.

En medio de la toma de fotografías que cada uno realizo se escuchaban comentarios lamentando el estado de un lugar que nosotros mismos hemos deteriorado,  algunos de mis compañeros bajaron hacia una parte del abismo, y otros por el contrario ni siquiera intentamos acercarnos a la orilla porque el viento producía en nuestros cuerpos una sensación de escalofríos y vértigo.

Después de ver aquel abismo cercanamente y ver como las vacas comían de aquel pasto sin resbalar ni siquiera una de sus patas encontramos un señor que se dedicaba a tomar fotografías a los visitantes y que además nos conto una pequeña historia acerca de este lugar que tiene 150 metros de caída libre y 300 metros de profundidad en aquel pozo negro, es decir que la caída de cada uno de aquellos que se suicidan tarde tres lentos segundos que concluyen con la historia de alguien.

A pesar de la voz de aliento que reposa en una roca cercana a la pendiente que ínsita a meditar antes de actuar y a la imagen sucia de una virgen cercana, aquellas personas que toman la decisión no tienen en cuenta que los problemas tienen solución como lo dice aquel epitafio  y valiente o cobardemente se lanzan desde allí para no viven ciar  mas nunca aquel problema que los atormenta este fue el caso de don Luis Carlos Vásquez López quien a sus 43 años decidió abandonar a su esposa y a sus hijos para terminar con algo que tal vez no le permitía ser feliz en esta vida.

Debido a situaciones como estas el salto de Tequendama dejo de ser un atractivo natural para convertirse en un atractivo para los suicidas, sin embargo aunque no es mucha la concurrencia por el desagradable olor,  a su alrededor hay varias chozas que venden chorizo morcilla y mazorcas  que aun son consumidas por los pocos visitantes de este lugar.

Este lugar se encuentra en vía de así como el hotel Tequendama que se cae a pedazos, pero que pese a ello sobrevive a pesar de los años el fotógrafo que nos conto la historia dice que es un lugar lleno de misteriosos fantasmas que habitan allí, pero lo que no sabemos es si pertenecen a aquellos suicidas o a los que habitaron alguna vez allí, sin embargo cuando mis compañeros ingresaron Laura tomo una fotografía en la que se ve plenamente una figura que no pertenece a este mundo cosa que asusto por completo a Cáterin quien casi se desmaya de la impresión.

Desafortunadamente al volver a la ciudad solamente queda un mal sabor para quienes conocieron el lugar cuando tenía su atractivo turístico ahora no queda más que esperar a que termine siendo un lugar seco lleno de piedras y charcos putrefactos ya que nosotros solamente sentimos la sensación de impotencia ante esta situación 

En un sitio caracterizado por su belleza natural y cuyo antecedente lo debemos a un Dios Chibcha llamado Bochica  según la mitologia muisca, hemos podido vivensiar que este lugar, El salto de Tequendama no solo se ha convertido en un sitio lleno de aguas putrefactas, producto de los desechos humanos, sino que ademas es ahora el espacio predilecto para aquellas personas  que recurren allí  arrastrando su autoestima y su ego por las piedras peñascosas solo con un fin, terminar con su existencia, una terminación tan definitiva como solo el famoso Salto de Tequendama les podía brindar,  además de ser la vivienda de aquellos chulos que solo siguen el mal olor y esperan ansiosos la caída de un cuerpo que se convertirá en su alimento.

El grupo de Géneros Periodísticos en compañía de su profesor Hermogenes Ardila disidieron realizar una expedición a este atractivo lugar que solo tiene de atractivo su paisaje, que fue en su momento un terreno  muy visitado por aquellas personas acomodadas que querían alejarse un poco de la urbanidad, sin embargo al llegar al Salto de Tequendama vimos una quebrada  que no reflejaba ni la sombra de de lo que alguna vez fue una cascada que con su extensa caída lograba nublar todo el paisaje.

En medio de la toma de fotografías que cada uno realizo se escuchaban comentarios lamentando el estado de un lugar que nosotros mismos hemos deteriorado,  algunos de mis compañeros bajaron hacia una parte del abismo, y otros por el contrario ni siquiera intentamos acercarnos a la orilla porque el viento producía en nuestros cuerpos una sensación de escalofríos y vértigo.

Después de ver aquel abismo cercanamente y ver como las vacas comían de aquel pasto sin resbalar ni siquiera una de sus patas encontramos un señor que se dedicaba a tomar fotografías a los visitantes y que además nos conto una pequeña historia acerca de este lugar que tiene 150 metros de caída libre y 300 metros de profundidad en aquel pozo negro, es decir que la caída de cada uno de aquellos que se suicidan tarde tres lentos segundos que concluyen con la historia de alguien.

A pesar de la voz de aliento que reposa en una roca cercana a la pendiente que ínsita a meditar antes de actuar y a la imagen sucia de una virgen cercana, aquellas personas que toman la decisión no tienen en cuenta que los problemas tienen solución como lo dice aquel epitafio  y valiente o cobardemente se lanzan desde allí para no viven ciar  mas nunca aquel problema que los atormenta este fue el caso de don Luis Carlos Vásquez López quien a sus 43 años decidió abandonar a su esposa y a sus hijos para terminar con algo que tal vez no le permitía ser feliz en esta vida.

Debido a situaciones como estas el salto de Tequendama dejo de ser un atractivo natural para convertirse en un atractivo para los suicidas, sin embargo aunque no es mucha la concurrencia por el desagradable olor,  a su alrededor hay varias chozas que venden chorizo morcilla y mazorcas  que aun son consumidas por los pocos visitantes de este lugar.

Este lugar se encuentra en vía de así como el hotel Tequendama que se cae a pedazos, pero que pese a ello sobrevive a pesar de los años el fotógrafo que nos conto la historia dice que es un lugar lleno de misteriosos fantasmas que habitan allí, pero lo que no sabemos es si pertenecen a aquellos suicidas o a los que habitaron alguna vez allí, sin embargo cuando mis compañeros ingresaron Laura tomo una fotografía en la que se ve plenamente una figura que no pertenece a este mundo cosa que asusto por completo a Cáterin quien casi se desmaya de la impresión.

Desafortunadamente al volver a la ciudad solamente queda un mal sabor para quienes conocieron el lugar cuando tenía su atractivo turístico ahora no queda más que esperar a que termine siendo un lugar seco lleno de piedras y charcos putrefactos ya que nosotros solamente sentimos la sensación de impotencia ante esta situación

En un salto de la vida a la muerte.

Por:

Darwin Javier González

El último salto, un paso final al abismo, así es como la vida encuentra a la muerte, la cascada que en algún momento arrojo aguas cristalinas, hoy solo arroja soledad, muerte, desolación y gritos de muchas almas en pena.

 

Todo comenzó un sábado cualquiera, una expedición a las entrañas de una cascada que en el comienzo se regocijo de ser una de las maravillas de la naturaleza, pero hoy solo es un paraíso de podredumbre aquella zona que era visitada por muchas personas, pero que al paso de los años se fue convirtiendo en el más aterrador lugar.

 

El mismo lugar, que en un momento fue la satisfacción de unos estudiantes, por salir de la monotonía e ir a colmar su conocimiento, allí nos encontramos con infinitas historias las cuales nos enseñaron sobre la vida y la muerte. El Salto del Tequendama es una cascada natural, situada en la provincia del Tequendama, Posteriormente de hacer un tranquilo recorrido de más de 100 km por los campos del altiplano y de la Sabana de Bogotá, el Río Bogotá cae desde una altura sobre el nivel del mar de 2.467 metros aproximadamente y 157 metros sobre un abismo rocoso de forma circular formando la cascada.

 

Este fue el lugar  de  desesperados que pretendían sobresalir por una  acción, y de un salto pasaron de la vida a la muerte.

 



Un salto olvidado

Por:

Martha Reyes

Aproximadamente a las 10:00 am llegamos a este sitio, el profesor asombrado y triste me dijo que me asomara a la ventana para ver en lo que estaba convertido el rio Bogotá, yo me baje del bus con la expectativa de ver la cascada natural que forma el rio Bogotá.

Mis compañeros se introdujeron en la montaña sin miedo de que por accidente se resbalaran, yo al ver que ellos descendían mas y mas en la montaña Decidí arriesgarme a entrar para poder observar más a fondo, al ir descendiendo me di cuenta que la cascada estaba casi seca, llena de basura y en el mas inmenso olvido, yo cambie mi cara de alegría por unos gestos de desilusión y de repente me quede pensando en la mitología aborigen que hablaba de que el dios Bochica, viendo la llanura inundada, tomó un bastón mágico y rompió una gran roca con lo cual creó el salto y desecó la sabana y me imaginaba si es cierto que el Dios Bochica creo esta grandiosa cascada si estuviera vivo estaría triste y desilusionado de darse cuenta en las condiciones en las que se encontraba el Salto del Tequendama.

Después de pasado un tiempo de observar el salto, el profesor nos propuso que camináramos hacia lo alto del salto para poder ver más pero hablamos con el profesor Hermogenes y le dijimos que nos diera un tiempo para que uno de los trabajadores nos hablara un poco mas de un edifico olvidado que se ve a la entrada del salto, él accedió y todos nos hicimos alrededor de el con grabadoras y dispuestos a escuchar sus historias y anécdotas.
Nos dirigimos para lo alto del salto junto con el profesor Hermogenes descendimos y llegamos a lo alto del salto espesamos a caminar entre las piedra mientras no tapábamos la boca para evitar el fuerte olor que tiene el rio Bogotá un olor que al comienzo no lograba distinguir pero que al pasar el tiempo mientras mis compañeros tomaban algunas fotografías yo me detuve y sentí su olor un olor a cañería, a contaminación un olor que siéndole sinceros es muy difícil de describir.

Un salto vacío

Por:

Katherine Cárdenas Lamilla

La llegada al salto del Tequendama invadió en mis profundos sentidos un olor fetido que llenaba mi cuerpo de cierto fastidio, una afición que hacia traer recuerdos amargos en mi memoria fotográfica y cierta tristeza al ver el resultado de lo que era ahora este patrimonio cultural que durante muchos años fue escena de numerosas y grandes hazañas mitológicas.
De acuerdo con algunos relatos que lograron llegar por parte del señor quien nos conto sus historias, en la mitología Muisca el Salto de Tequendama es atribuido a Bochica. Este relato cuenta que Chibchacum (dios protector del Zipa) se ofendió porque su pueblo aceptó malos consejos de Huitaca (una diosa que podría asociarse con el mal) la cual guío al pueblo a llevar una vida llena de placeres, juegos y borrachera llevando a que se negaran las ofrendas a Chibchacum; este se indignó contra los bacates, porque ya casi todos murmuraban de él y le ofendían en secreto y públicamente. Como venganza, lleno de ira, Chibchacum creó una gran inundación al desatar tempestades y desviar los ríos Sopó y Tibitó, que creciendo rápidamente anegaron la sabana hasta inundarla totalmente. Las sementeras y labranzas se echaron a perder; la gente, que por entonces era numerosa, empezó a padecer las calamidades del hambre.

La niebla y la magia que envolvían el Salto del Tequendama, una de las caídas de agua emblemáticas de nuestro país, que se había convertido en un famoso atractivo turístico lleno de historias y leyendas sobre la cultura muisca, tristemente es hoy un paraje desolador. El agua ya no cae por ese abismo rocoso de más de 150 metros de altura y al final de lo que antes era una maravillosa cascada, lo único que queda es un pequeño pozo oscuro repleto de basura que hiede.
Lo cierto es que la tristeza y el desconcierto de los turistas, que viajan a visitar lo que antes era una hermosa caída de agua, son cada vez mayores, al igual que las de los habitantes de la zona, quienes ya no resisten los olores que salen de aquel abismo, que antes era motivo de orgullo.
Este salto a pesar de su lamentable estado actual, conserva un gran grado de estima entre los bogotanos. Fuera de anterior mito, cabe mencionar la descripción que hiciera el naturalista Humboldt de este salto, quien le dio con ayuda del barómetro una altura de 185 metros.

El Salto de Tequendama debe su aspecto imponente a la relación de su altura y de la masa de agua que se precipita.
Este salto, famoso por sus suicidas y porque algunos músicos de pueblo le han compuesto canciones, está siendo objeto de un importante proceso de renovación que incluye la reforestación de un bosque nativo aledaño y la restauración, a futuro, de la casa dónde funcionó el Hotel ‘El Refugio’, que mira silenciosa la imponente caída de agua.El Salto, ubicado en el municipio de Soacha y a tan sólo cinco kilómetros de la capital, ha sido un referente cultural que ha enamorado durante siglos a generaciones de bogotanos. Para los muiscas era sitio sagrado y escenario de innumerables leyendas.

VIAJANDO POR COLOMBIA Y EL MUNDO

Por:

Lyanne Stephanie Barrueto

El salto del Tequendama es una cascada natural de Colombia, está ubicada en el Departamento de Cundinamarca, en el municipio de Soacha y a tan sólo cinco kilómetros de la capital, ha sido un referente cultural que ha enamorado durante siglos a generaciones de bogotanos.
Este salto cae desde una altura de 157 m desde el pozo hasta el salto hay aproximadamente 167 m y del pozo hacia abajo 300 metros. Sobre un abismo rocoso de forma circular formando la cascada. Se halla en una región boscosa de neblina permanente.
La niebla y la magia que envuelven al Salto del Tequendama, son sus caídas de agua representativas de nuestro país, al final de lo que antes era una maravillosa cascada, lo único que queda es un pequeño pozo oscuro repleto de basura y un mal olor .Una de las cosas mas representativas del salto es que se encuentra en los billete de a peso.

El Hotel del Salto llamado el Refugio, fue construido en el año de 1917 por unos italianos, un lujoso hospedaje al lado de la caída de la cascada ara una magnifica construcción al lado del Salto de Tequendama, el salto perdió una gran parte de su caudal más la grave contaminación de las aguas, causo que el salto del Tequendama perdiera mucho de su atractivo turístico, llevando al cierre el lujoso hospedaje que actualmente se encuentra abandonado. Esté hotel es propiedad privada por lo que no se puede entrar. Pero mis compañeros querían conocerlo hasta que pudieron entrar y poder observar cada uno de los rincones de este hotel. Este hospedaje tiene una propuesta de ser comprado por el departamento de Cundinamarca, si este hotel se compra harían un restaurante. Actualmente vive gente quien lo cuida pero no le hacen ninguno arreglo.

Es necesario recordar que el Salto de Tequendama por aquellos tiempos, no solamente era el más atractivo halago turístico de Bogotá, además contaba con las preferencias de quienes se aburrían con la vida y acababan por arrojarse a la catarata. Gracias a esta forma de suicidio, las familias de los desdichados se ahorraban los costos del entierro, y el sistema ofrecía a los desesperados que decidían poner fin a su existencia, la garantía de un desaparecimiento total.
Los suicidios en el Salto, si es que así se puede sin licencia llamar la época en que tan funestos aconteceres sobresalieron como noticia periodística, la marcó.
Seguramente los suicidios han disminuido, pero en estos tiempos pasan inadvertidos.
Realmente, las referencias al Salto ya los suicidas no son el aspecto fundamental de esta urdimbre con pretensiones de crónica. La industria y la Empresa de Energía Eléctrica acabaron por apoderarse del caudal del río Bogotá y el Salto se enflaqueció mucho más de lo que ya estaba. Sólo de manera esporádica dejan en libertad la corriente, ya favor de esta menuda concesión la catarata recobra muy transitoriamente su antigua hermosura.
Aun así, muchos bogotanos suelen detenerse al lado del salto de Tequendama para comer mazorca asada o pinchos de carne que ofrecen algunos habitantes de la zona y poder admirar el imponente paisaje.

EL SALTO DE LOS SUICIDIOS

Por

Deisy Johanna Olaya Quintero

Al sur de Bogotá, se encuentra un sitio que alguna vez fue catalogado como uno de los mayores atractivos turísticos de la capital, pero que hoy día se ha convertido en el lugar predilecto para quienes encuentran una salida a sus problemas a través de la muerte. Solo recuerdo algunas referencias, historias de tragedia, desamor y frustración que involucraba el llamado ” salto del Tequendama”.

Era la mañana de un sábado un poco nubado, me encontré con mis compañeros de géneros periodísticos y con el profe Hermógenes para emprender nuestra nueva expedición.

Laura, era la encargada de recibir el dinero para pagarle al conductor del bus, que nos llevaría a aquel raro y desagradable lugar. Además todos firmamos para respaldar al profesor para realizar esta salida de carácter académico. Luego nos dirigimos todos al bus y las ganas de ponerle ambiente al viaje se apoderó de nosotros. Entonces Éder comenzó a tomar algunas fotos. Claro, aprovechando que junto con Jennifer, Alexandra, y Estefanía se habían ubicado en la parte de atrás del bus.

De repente les propuse a mis compañeros que cantáramos; entonces alguien comenzó: – Jesucristo le dijo a Lázaro, levántate, levántate y lázaro le contestó;…… era ese el momento en donde debíamos a cantar, pero les sugerí que debíamos decir una palabra para hacer un poco más difícil el juego.

Así cantamos una y otra vez, pero el grupo contrario al mío, se tomó muy apecho la dificultad del juego y con él animo de ganar pronunciaron una rara palabra y aunque lo intentamos, no se nos vino a la mente ninguna canción que llevara en su contenido esa palabra. Por obvias razones nos tocaba hacer una penitencia, y preciso, me escogieron. La penitencia era hacer el ocho con la cola y pues resulté haciéndolo.
Después de varias canciones y más penitencias como bailarle reggaetón muy sexy al profe Hermógenes, por fin llegamos al salto.

Nos acercamos un poco para observar el vacio, y me produjo muchísimo miedo realmente, sentí que si me caía no iba a quedar ni el rastro de mi cuerpo. Era un lugar rodeado de un espeso verde, nublado por una espesa niebla gris lúgubre de cuento de terror o algo así, un ambiente de abandono, silencio, tristeza y soledad que se rompía por el correr del agua del rio, un entorno pesado, no solo por estas sensaciones si no también por aquellos aromas que se perciben en aquel lugar aparte de un frio que me carcomía el cuerpo y me hacía temblar. La cascada estaba súper seca, tan solo arrojaba un hilito de agua que de lejos se veía clara, pero cuando nos acercamos un poco más nos dimos cuenta que estaba súper contaminada, que parecía petróleo y que el olor era totalmente desagradable.

Para llegar justo al salto, nos tocaba caminar por la carretera y posteriormente saltar unas rocas grandísimas que cubrían el nacedero de la cascada. Fue realmente una gran osadía llegar hasta la virgen, tuve vario tropezones que me hicieron dar un poco de desasosiego, además porque el agua no era un agua limpia, trasparente, sino todo lo contrario era un agua turbia, mal oliente , que causaba una desagradable sensación de vómito, por lo que me vi obligada a taparme la nariz.
Junto con Andrés y Eder, tomamos algunas fotos. Pero mi compañero Robert se quedó atrás ya que no pudo atravesar las rocas gigantes de la cascada.
Llevaba en mis manos mi cámara con la que llegué a capturar imágenes que no pensé fuera a lograr, cuando en aquella formación rocosa se disipaba la niebla y la cascada de la imponente caída de 157 metros de altura, vista desde el mirador que quedaba al lado de la virgen, que es justo el lugar de donde innumerables personas han encontrado una salida, lanzándose desde aquel salto del suicidio.
Más tarde nos dirigimos con todo el grupo de compañeros hacia una caseta, nos sentamos unos diez minutos, comí de la rellena y el plátano que había comprado en el parador, y tomé gaseosa de la que llevaba. Luego destaparon una botella de aguardiente y recibí como dos copas, pero Laura la guardó por que un grupo íbamos a entrar en el viejo hotel que queda como mirador del salto, sobre la vía.
Caminamos hacia el viejo hotel y estando allí me imagine aquel lugar antes en su tiempo de gloria, cuando fue un punto turístico de gran concurrencia que cerró sus puertas debido a la contaminación del rio, cuando el agua corría limpia y se sentía esa paz que ofrece la naturaleza en un lugar así, allí pensé que tendría que estar uno muy desesperado para saltar desde allí bebí un poco de gaseosa, tome otras fotografías de aquel lugar y luego de negociar con el señor Miguel, entramos al misterioso sitio.

Don Miguel nos contó algunas historias acerca de personas que se han suicidado en el salto, me causó mucha curiosidad la anécdota de una señora, cuyo cadáver fue hallado luego de diez días, porque sus familiares no aparecieron, con un “chulo” en medio de sus genitales y su cuerpo casi devorado por estos detestables animales. Este señor asegura que son innumerables los casos de NN`S muertos en el salto.
Estando dentro del viejo hotel, lleno de mojo, pisos sucios y paredes en muy mal estado, pensé en quiénes serían los ilustres personajes de la historia que se alojaban en este sitio. De repente me fui intrigando mucho cuando don Miguel comenzó a hablarnos de los fantasmas que conviven en el hotel, quienes según él lo han acogido y permiten que sea quien vigile su habitad.

Cuenta don Miguel que en horas de la noche, no hay persona que se atreva a bajar al primer piso del viejo hotel. Y quienes se han atrevido, han salido corriendo como alma que lleva el diablo. –Se escuchan voces, se ven sombras, se escucha música, pero es difícil de interpretar- asegura don Miguel.
Luego de recorrer por cada uno de los rincones de este misterioso hotel, salimos todos llenos de interrogantes, mucho miedo y tal vez con curiosidad de sentir algo paranormal.
De esta manera regresamos todos al bus y emprendimos nuestro viaje de regreso a la capital. Todos con una perspectiva muy diferente acerca de este salto de suicidios, que guarda un sinnúmero de secretos, de historias de personas que han tenido las “agallas “para lanzarse desde una altura de 157 metros, encontrando esta opción como única salida a sus problemas económicos, amorosos, enfermedades, entre otros.
“Solo Dios sabrá perdonar a quienes han tomado esta decisión, el salto es tan solo un testigo, no el culpable de estos sucesos”.

El mugriento fantasma del abismo

Por:

Robert Alejandro Jesurún Ramírez

“No había nada al alcance del oído, ni de la vista, excepto una inmensidad de negro limo; y, sin embargo, la absoluta quietud y la monotonía del paisaje me agobiaban con un terror nauseabundo”

                                         H.P. Lovecraft, Dagón.

Nos encontramos aquel frío sábado en la mañana, en alguna universidad de la pétrea selva sabanera que es Bogotá. Quedé de encontrarme con mis compañeros de curso y con el profe para ir a aquel lugar de horrores que llamamos el Salto del Tequendama. Sitio inmundo, letrina de los citadinos, fragante a estiércol y basura, cuyo nombre es apenas una nota al pie de la salvaje era precolombina, antes de que el hombre blanco llegara y mandara todo al carajo. Lo que debió ser en algún momento un sitial paradisiaco se convirtió en un territorio nauseabundo, que incluso al mismo Cthulhu le hubiera dado asco llamar su hogar. Para este viaje, llegaríamos al chuzito de nuestra educación superior y tomaríamos el bus para salir de esta mole de concreto y superpoblación.

Tras una breve espera y una compra fallida de cebada fermentada, finalmente nos montamos al bus. Se suponía que iba a ser una excursión de trabajo, donde investigaríamos y recolectaríamos datos para hacer nuestra crónica, pero como cosa rara, empezamos a escuchar Oxígeno y a bailar y reír como tontos. Yo me comporté como el payaso que soy durante todo el viaje de ida, bailando reggaetón con dos damas hermosas como lo son Deisy y Jennifer, gorreando cerveza comprada en Soacha y cantando –o mejor, chillando- canciones de variado pelambre. En la bomba de gasolina, donde paramos un momento para tanquear el bus, mis chistes se pusieron más pesados, hablando sobre lubricación femenina y causando traumas de por vida a medio grupo al subirme la camisa promocionando productos para adelgazar. A medida que nos alejábamos de la civilización, el impresionante hedor de las aguas sucias permeaba el aire del bus. Muchos nos tapamos las narices, otros empezaron a sentir arcadas en sus gargantas. Cerramos las ventanas para evitar el “perfume francés”. Craso error: nos sofocamos en él.

Finalmente, una derruida casa de un color rosáceo, recubierta de maleza como un filete de salmón enmohecido nos dio la bienvenida a nuestro destino. Nos estacionamos en el mirador más sarcástico que haya conocido: en teoría es para mirar el hermoso paisaje que el río forma a nuestros pies, pero en realidad era una ventana a Mordor. Los llamados “chulos”, mensajeros del Hades, sobrevolaban nuestras cabezas como los Nazgûl, aquellos servidores del maligno Sauron, que vigilaban la Tierra Media buscando el Anillo. El panorama era digno de John Milton, casi esperando que los ángeles negros dieran la bienvenida a Satanás para que resurgiera entre el mugriento líquido.

Tomamos las fotografías de rigor, mientras veíamos el agua de color del ébano caer por entre las rocas. Subimos las bardas del mirador, y caminamos al borde del frondoso abismo que nos esperaba en el fondo. Mis reflejos de gorila ebrio me pusieron, en más de una ocasión, cerca a una caída libre de casi 300 metros. Mi considerable peso hubiera causado un pequeño temblor, y el cadáver no hubiera sido difícil de encontrar, pero bueno, al menos el río no recibió otro contaminante.

Los celadores del hotel en ruinas que había sobre el precipicio nos concedieron dos entrevistas. Como es bien sabido, este era el sitio favorito de muchos suicidas cuando Bogotá era apenas un pueblito provinciano. Miles de fotos en sepia y blanco y negro retratan aquellos que, tras un fracaso amoroso o financiero, deciden lanzarse al agua, con eso si no mueren del golpe tan áspero se mueren de la intoxicación al entrar en aquella piscina de mugre y horror. “Cuando la gente viene a suicidarse, al borde de la carretera, atraviesan, llegan al Salto y se botan…” nos decía don Luis, uno de aquellos seres vetustos que vigilan lo poco que queda por cuidar en este sector. Tres segundos, según don Luis, tres segundos dura la caída a este pozo de inmundicia, tres segundos en los que las fuerzas newtonianas jalan a aquellos desdichados hacia un fin certero. Tres segundos, lo que dura el descenso al Noveno Círculo del Infierno.  “Nunca dejan un cuerpo ahí: vienen la Defensa Civil y los Bomberos, cierran las compuertas, suben… el cuerpo. Hay veces que el cuerpo se demora 8 días, 15 días 28 días; porque el Sato tiene unas piedras así. Entonces el cuerpo queda apeñuscado… ”: Lenta agonía de los infortunados que caen entre las rocas, servidos como cena en el Tramonti para los chulos.

Decidimos con el grupo, después de las entrevistas, el caminar un rato hacia el norte y encontrarnos con una entrada hacia el nauseabundo río, la entrada de las almas desesperadas. Nos volamos la cerca y el aviso de “No pasar”, y tomamos un pequeños pero muy empinado descenso, lleno de barro y arbustos espinosos. A medida que me acercaba, el hedor era cada vez más fuerte, además de ver tallados en las rocas deprimentes mensajes y epitafios. No había alguna duda: estábamos descendiendo al mismo Infierno. El claro día que hizo solo enfatizó la ironía de tener un lugar tan feo en medio del “paraíso” chimbo con el que pintan a Colombia. Vimos la Virgen al borde del precipicio y la otra orilla del dantesco arroyito, y buscamos un camino para pasar por encima de las negruzcas aguas, como si se hubiera roto un oleoducto y todo el oro negro se hubiese filtrado entre las piedras.

Buscando evitar sumergir mis recias botas de cuero en el nauseabundo limo, salté las piedras con el objetivo de alcanzar la Virgen. Pero, una vez más mi pesada y poco grácil humanidad me dejó varado en medio del infernal afluente, rodeado de aguas color petróleo y una amplia variedad de basura y mugre. Derrotado y frustrado, regresé como pude a la orilla donde empecé, con el pantalón con un vergonzoso roto y el aroma pegado a mis fosas nasales. Regresamos al mirador, con una extraña sensación de hambre, pensando en convertirnos en Cazafantasmas y entrar al hotel para verlo por dentro. Al fin, una curiosidad que tuve desde pequeño iba a ser satisfecha.

Después de una ardua negociación y unos cuantos gramos de colesterol extra en nuestro sistema –si, encima de este lugar de horrores y hedores venden comida, ¿Cómo hacen para venderla y consumirla? Muy buena pregunta-, logramos entrar al filete de salmón vencido. Quiero decir, entramos al hotel, que alguna vez fuese un sitio de esplendor y buena rumba. Ahora, es supuestamente una casa embrujada donde un aquelarre de fantasmas contemporáneos con Gaitán se daban cita para darles un mal rato a todos aquellos que osaran invadir su morada. Entré a la casa, sintiéndome como Al-Hazred sumergiéndose en sus alocadas visiones dentro de la prohibida Ciudad sin Nombre, buscando los horrores ancestrales olvidados por el tiempo. Era un lugar en ruinas, mohoso y semidestruido. Lo que antaño era un lugar de diversión y hedonismo, ahora era una locación fantasmal, atravesada por la traviesa y destructiva mano de Cronos.



Contrario a mis expectativas, era un lugar bien iluminado, con miles de ventanas con vista hacia el Salto. Entramos a un pabellón de bienvenida, un pequeño vestíbulo con una escalera que daba hacia los pisos inferiores. Las paredes, blancas, se mantenían firmes a pesar del olvido, los pisos de madera mostraban huecos enormes, y crujían a cada paso que dábamos. Encontramos en nuestro camino varias habitaciones, hoy vacías, un húmedo y oscuro cuarto de lavandería que parecía un calabozo de los inquisidores, un baño, en buen estado pese a todo, con el extraño detalle de una pequeña cruz, hecha con dos palitos, colgada en el marco de la puerta.

Acallé mi voz por unos segundos, esperando escuchar el Azif, los indescifrables susurros de aquellos espíritus sin paz ni descanso, pero solamente atiné a oír las risas y comentarios de nuestra improvisada pandilla de Scooby Doo. El celador, aquel que nos abrió las puertas a aquella tumba de Tutankhamón y cuyo nombre fue enterrado en lo más recóndito de mi memoria, conoce como la palma de su mano a aquellos seres del más allá estancados en el más acá: sus patrones, sus costumbres e incluso sus preferencias personales. Según él, ellos le”recibieron”, es decir, lo acogieron, ya que los espectros no lo consideraron como un elemento perturbador en su limbo. Así nos describieron a uno de sus “amigos”: “Dicen que fue un tipo que asesinaron aquí y le cortaron la cabeza […] ”, este fantasma, retratado por un equipo de producción audiovisual, habita una amplia habitación del piso inferior, junto a una columna de soporte. Un fantasma que es descrito como un gigante decapitado, con una capa y sus grandes Cerberos a sus pies. Aparentemente, y según este caballero, hemos sido “bienvenidos” por este ente, ya que acalló su voz y no perturbó nuestra visita soltando a sus sabuesos.

Salimos de este sitial de leyenda, tomando fotos y subiendo las vetustas escaleras. A medida que fuimos conociendo los secretos e historias de esta ruinosa instalación, mucho del misterio y asombro que nos colmaba cuando cruzamos el umbral se disipó. Mientras salíamos al maloliente paraje adonde llegamos, miré una última vez hacia la “maravilla” creada por la magia de un olvidado dios chibcha. Por un breve instante, sentí un nudo en la garganta, y a fin entendí la sensación que tuve desde mi bajada del bus. Recordé la agónica magnificencia de este lugar, que me dio la bienvenida a cada viaje que hacía con mis padres. Aquel lugar que me maravillaba de pequeño, cuyo bramido ahogaba mis agudas frases dentro de aquel viejo Volkswagen azul, pero cuyo antinatural hedor ya empezaba a sentirse. Lo que antes fue un lugar lleno de bruma y ruido ahora es un tristemente silencioso claro. El potente chorro de aguas espumosas ahora es un triste hilillo de zumo negruzco. El aroma que se pegó a mis fosas infantiles aun permanece. Era una imagen lúgubre, un claro indicio de muchas cosas que se perdieron en el tiempo.

Al fin, logramos salir de este corrompido lugar. Mientras regresábamos a la civilización, pensé por un instante en lo vivido. Por mi mente danzaban imágenes “lovecraftianas” y una nostalgia decadente y deformada. Fue aquella nostalgia, descompuesta y mutilada, la que me hizo dar cuenta de una realidad: no nos encontramos con las almas errantes de los suicidas, ni los espectros vigilantes del hotel, pero lo que logramos ver, definitivamente fue un fantasma.

Inspirado por Hunter S. Thompson y Howard Phillip Lovecraft