EL SALTO DE LOS SUICIDIOS

Por

Deisy Johanna Olaya Quintero

Al sur de Bogotá, se encuentra un sitio que alguna vez fue catalogado como uno de los mayores atractivos turísticos de la capital, pero que hoy día se ha convertido en el lugar predilecto para quienes encuentran una salida a sus problemas a través de la muerte. Solo recuerdo algunas referencias, historias de tragedia, desamor y frustración que involucraba el llamado ” salto del Tequendama”.

Era la mañana de un sábado un poco nubado, me encontré con mis compañeros de géneros periodísticos y con el profe Hermógenes para emprender nuestra nueva expedición.

Laura, era la encargada de recibir el dinero para pagarle al conductor del bus, que nos llevaría a aquel raro y desagradable lugar. Además todos firmamos para respaldar al profesor para realizar esta salida de carácter académico. Luego nos dirigimos todos al bus y las ganas de ponerle ambiente al viaje se apoderó de nosotros. Entonces Éder comenzó a tomar algunas fotos. Claro, aprovechando que junto con Jennifer, Alexandra, y Estefanía se habían ubicado en la parte de atrás del bus.

De repente les propuse a mis compañeros que cantáramos; entonces alguien comenzó: – Jesucristo le dijo a Lázaro, levántate, levántate y lázaro le contestó;…… era ese el momento en donde debíamos a cantar, pero les sugerí que debíamos decir una palabra para hacer un poco más difícil el juego.

Así cantamos una y otra vez, pero el grupo contrario al mío, se tomó muy apecho la dificultad del juego y con él animo de ganar pronunciaron una rara palabra y aunque lo intentamos, no se nos vino a la mente ninguna canción que llevara en su contenido esa palabra. Por obvias razones nos tocaba hacer una penitencia, y preciso, me escogieron. La penitencia era hacer el ocho con la cola y pues resulté haciéndolo.
Después de varias canciones y más penitencias como bailarle reggaetón muy sexy al profe Hermógenes, por fin llegamos al salto.

Nos acercamos un poco para observar el vacio, y me produjo muchísimo miedo realmente, sentí que si me caía no iba a quedar ni el rastro de mi cuerpo. Era un lugar rodeado de un espeso verde, nublado por una espesa niebla gris lúgubre de cuento de terror o algo así, un ambiente de abandono, silencio, tristeza y soledad que se rompía por el correr del agua del rio, un entorno pesado, no solo por estas sensaciones si no también por aquellos aromas que se perciben en aquel lugar aparte de un frio que me carcomía el cuerpo y me hacía temblar. La cascada estaba súper seca, tan solo arrojaba un hilito de agua que de lejos se veía clara, pero cuando nos acercamos un poco más nos dimos cuenta que estaba súper contaminada, que parecía petróleo y que el olor era totalmente desagradable.

Para llegar justo al salto, nos tocaba caminar por la carretera y posteriormente saltar unas rocas grandísimas que cubrían el nacedero de la cascada. Fue realmente una gran osadía llegar hasta la virgen, tuve vario tropezones que me hicieron dar un poco de desasosiego, además porque el agua no era un agua limpia, trasparente, sino todo lo contrario era un agua turbia, mal oliente , que causaba una desagradable sensación de vómito, por lo que me vi obligada a taparme la nariz.
Junto con Andrés y Eder, tomamos algunas fotos. Pero mi compañero Robert se quedó atrás ya que no pudo atravesar las rocas gigantes de la cascada.
Llevaba en mis manos mi cámara con la que llegué a capturar imágenes que no pensé fuera a lograr, cuando en aquella formación rocosa se disipaba la niebla y la cascada de la imponente caída de 157 metros de altura, vista desde el mirador que quedaba al lado de la virgen, que es justo el lugar de donde innumerables personas han encontrado una salida, lanzándose desde aquel salto del suicidio.
Más tarde nos dirigimos con todo el grupo de compañeros hacia una caseta, nos sentamos unos diez minutos, comí de la rellena y el plátano que había comprado en el parador, y tomé gaseosa de la que llevaba. Luego destaparon una botella de aguardiente y recibí como dos copas, pero Laura la guardó por que un grupo íbamos a entrar en el viejo hotel que queda como mirador del salto, sobre la vía.
Caminamos hacia el viejo hotel y estando allí me imagine aquel lugar antes en su tiempo de gloria, cuando fue un punto turístico de gran concurrencia que cerró sus puertas debido a la contaminación del rio, cuando el agua corría limpia y se sentía esa paz que ofrece la naturaleza en un lugar así, allí pensé que tendría que estar uno muy desesperado para saltar desde allí bebí un poco de gaseosa, tome otras fotografías de aquel lugar y luego de negociar con el señor Miguel, entramos al misterioso sitio.

Don Miguel nos contó algunas historias acerca de personas que se han suicidado en el salto, me causó mucha curiosidad la anécdota de una señora, cuyo cadáver fue hallado luego de diez días, porque sus familiares no aparecieron, con un “chulo” en medio de sus genitales y su cuerpo casi devorado por estos detestables animales. Este señor asegura que son innumerables los casos de NN`S muertos en el salto.
Estando dentro del viejo hotel, lleno de mojo, pisos sucios y paredes en muy mal estado, pensé en quiénes serían los ilustres personajes de la historia que se alojaban en este sitio. De repente me fui intrigando mucho cuando don Miguel comenzó a hablarnos de los fantasmas que conviven en el hotel, quienes según él lo han acogido y permiten que sea quien vigile su habitad.

Cuenta don Miguel que en horas de la noche, no hay persona que se atreva a bajar al primer piso del viejo hotel. Y quienes se han atrevido, han salido corriendo como alma que lleva el diablo. –Se escuchan voces, se ven sombras, se escucha música, pero es difícil de interpretar- asegura don Miguel.
Luego de recorrer por cada uno de los rincones de este misterioso hotel, salimos todos llenos de interrogantes, mucho miedo y tal vez con curiosidad de sentir algo paranormal.
De esta manera regresamos todos al bus y emprendimos nuestro viaje de regreso a la capital. Todos con una perspectiva muy diferente acerca de este salto de suicidios, que guarda un sinnúmero de secretos, de historias de personas que han tenido las “agallas “para lanzarse desde una altura de 157 metros, encontrando esta opción como única salida a sus problemas económicos, amorosos, enfermedades, entre otros.
“Solo Dios sabrá perdonar a quienes han tomado esta decisión, el salto es tan solo un testigo, no el culpable de estos sucesos”.

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Escenario del poder

Por:

Deisy Johana Olaya

Siendo las tres y treinta  de la tarde, del  7 de agosto de 2010, bajo un clima muy variable entre lluvia y sol, en la Plaza de Bolívar, se llevó a cabo la majestuosa posesión de Juan Manuel Santos como el nuevo presidente de los colombianos. Este acto puede considerarse como uno de los mejores de la historia nacional, por su sobriedad y elegancia. En medio de un impresionante y suntuoso protocolo de entradas, llegadas y ubicaciones, 5000 asistentes tomaron sus elegantes asientos de cojín blanco, alrededor de la estatua del Libertador –primorosamente decorada con un cerco de flores blancas-, y vieron en vivo y en directo el cambio de poder en nuestro sufrida nación.

Evidentemente el lugar  estuvo muy bien decorado, con banderas de todos los departamentos del país, elegantes sillas de color blanco adornadas con cintillas tricolor, otras de color rojo, en donde fueron ubicados los invitados de honor, como los mandatarios de Brasil, Ecuador, Argentina, el príncipe de Asturias, el gabinete de ministros salientes y entrantes, entre otros. Los ilustrísimos invitados a la ceremonia fueron recibidos con la mayor de las pompas, con alfombra roja, bandas de guerra y modelos con vestidos típicos de cada región del país.

El público del centro se cubrió bajo unos paraguas marcados con la leyenda ‘Posesión presidencial Juan Manuel Santos’, adornadas de igual manera con banderas pintadas, una cuidada producción en la transmisión de TV; zonas demarcadas para asistentes y periodistas; colores selectos en el montaje; toque de gaiteros; serpentinas con el tricolor nacional camino a la Casa de Nariño… Cada detalle expresa un matiz del lenguaje de la era Santos. Un lenguaje de alguien refinado, de alta alcurnia. Un evento apoteósico… para los invitados.

La tarima principal fue ubicada en la puerta del capitolio nacional, en donde se adecuó una pantalla gigante para proyectar la cámara principal, al fondo una bandera de Colombia en LEDs. Esta tarima pone de manifiesto el poder del presidente, un nivel encima de todos y de espaldas al Capitolio, aquel  edificio que alberga al Congreso, la fuerza casi unánime que en este periodo de gobierno respaldará a Santos.

La imponente ceremonia estuvo enmarcada por un despliegue de alta tecnología y mediatización, que quizá muestra lo poderoso que puede llegar a ser el nuevo gobierno santista. El nuevo gobierno se ha manifestado con una demostración de poder y patriotismo, donde la inmensa bandera de LEDs iluminará el camino de la Unidad Nacional. La Plaza de Bolívar se hinchó de patriotismo con las banderas, los vestuarios y el bello himno nacional cantado por un coro infantil. El tricolor patrio fue el tema del día en la toma del poder: en la tarima, en los edificios aledaños, en los asientos de los asistentes…

Las cámaras de la transmisión oficial, sin embargo, revelaba la otra realidad de la posesión presidencial en sus panorámicas: aquella de los alrededores de la engalanada plaza, el pueblo, aquel que puso a los gobernantes pero que siempre queda afuera de sus fiestas y sus determinaciones. Los barrios marginados de Las Cruces, todos aquellos seres comunes y corrientes que dejaron por fuera. Las murallas de fuerza pública, los aviones y helicópteros sobrevolando la ciudad como ángeles orwellianos, todo por mantener al pueblo común y corriente, “la chusma”, alejada de aquellos que él mismo puso allí. Esta fue una ceremonia para las elites, para los pocos que realmente podrán disfrutar de las mieles del poder y de los beneficios. Cuando Santos dijo “no los defraudaré”, se estaba refiriendo a aquellos que lo vieron de frente aquella tarde. A los demás no los pudo ver a través de la lente de la cámara.