EL GRAN SALTO

Por:

Eder Arturo Guasca

Llega el fin de semana, una mañana soleada en el que toda la clase de géneros está ansiosa, por el evento que se aproxima, la visita a un paisaje natural, un gran vacío lugar en que la gente solía ir a visitar para ver una de las pocas exuberantes maravillas que nos dan la naturaleza pero que el mismo hombre como un hijo desagradecido a llegado acabar con la limpieza y hermosura de una casca en el centro de Colombia.
El salto del Tequendama es una cascada natural de Colombia, ubicada en la provincia del Tequendama en el Departamento de Cundinamarca. Está ubicada a aproximadamente 30 km al suroeste de Bogotá. Cae a un abismo rocoso de forma circular formando la cascada. Se halla en una región boscosa de neblina permanente. Siendo más claro el lugar a visitar.
Todo comenzó con la idea de hacer clase por fuera de las cuatro paredes que nos encierran casa sábado en el gran claustro universitario, buscar hechos que son reales para hablar y contar historia de ellos, un sábado que comercialmente se celebraba el día del amor y la amistad, nos reuníamos en las instalaciones de la universidad luego de una madrugada bilingüe, al de tomar unas clases de inglés, arribábamos cada uno de los que seríamos protagonistas de una aventura pedagógica.
Ya montados en el velocípedo de esos que se ven en las calles todos los días haciendo filas en las calles y transportando necesidades de desplazamiento de un lugar a otro, así mismo partimos de la localidad de Chapinero con destino a San Antonio de Tequendama.
Un poco dormidos o aburridos sentados en las sillas del bus, un grupo de compañeros, como siempre los que van en la sillas de atrás, empezaron a fomentar un poco de diversión un juego de ronda de esos que se juegan en los colegios, a pesar de salir de una escuela siempre llevamos ese sentido de ser niños y era el momento adecuado para sacarlo a flote.
LA PRIMERA PARADA
El tránsito estaba suave, en un caótica ciudad donde la movilidad es un reto para transportarse de un lugar a otro llegábamos a las afueras de Bogotá un municipio que parece más un barrio de Bogotá, el señor transportador decidió hacer una parada para cargar combustible en ese momento ya pensábamos en que acompañaría la ruta para no deshidratarnos por el desgato físico que tendríamos para la visita al vacío.
Llegamos a nuestro destino en medio de la naturaleza árida con montañas alrededor y una pequeña carretera que no lleva a muchos destinos de este bello país, a su lado un palacio para los residentes que lo recuerdan como un lugar exclusivo.
Un señor muy veterano vendedor del sector nos narraba algunos apuntes de la historia del salto, hacía un lista de los mitos de las personas que decidieron cavar su tumba desde lo alto y la extraña pérdida de la fuerte fuente de agua que se está secando como si se cerrara la grifo del lavadero de una casa.
También nos contó algunas historias asombrosas del la casona, nos decía que allí en las noches asustaban algunas almas que volaban entre las nubes y se hospedaban en las noches para no sentir el frío penetrante que debe hacer en las noches.
LAS PIEDRA DEL CAMINO
Aun que la idea no era meterse en el Gran Salto, pues parecía algo peligroso, la sequía del fluido nos fue posible llegar conocer más de carca el piso de la río, un grupo de estudiantes muy osados adentramos en la río escalando las piedras que componía el salto, hasta llegar al punto más alto y se lograba ver la distancia hasta el fin del vacío que causaba mucho escalofrío de sólo pensar que existieron persona capaces de entregarle su vida al fondo de la nada.
Bien, luego de la visita a un amigo que pocos quieren llegó el momento de partir, se acababan las horas de clase y hasta donde recuerdo nos subimos al bus de nuevo y llegamos a la universidad muy tarde, pues el regreso estuvo largo y divertido.

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