Santa Seguridad

Por:

Andrés Espinoza

160.000 Policías y 220.000 Militares apoyaron la seguridad  en la ceremonia de posesión de Santos.

La era Santos comenzó este fin de semana bajo un leve rocío que se esparció sobre la Plaza de Bolívar.  160.000 uniformados conformaron el dispositivo  de seguridad y 220.000 militares apoyaron por tierra y aire la capital del país garantizando su posesión sin ninguna novedad.

“Este equipo es mejor que el del real” aseguró Santos refiriéndose a su cúpula militar durante su discurso, equipo que se encargó de mantener la prosperidad democrática antes y durante la ceremonia.

Varios operativos se realizaron días previos a la posesión, frustrando planes terroristas, entre ellos el denominado “plan pistola” de autoría por las FARC.

El objetivo era introducir a la capital armas de fuego que serian entregadas para suscitar la alteración del orden público y desestabilizar la seguridad durante el 7 de Agosto.

Aunque se tomaron medidas como la prohibición de motocicletas con parrilleros, restricción vehicular por la carrera séptima y la instalación de puestos de control militar, los capitalinos demostraron su compromiso social con el país cuando los medios dieron a conocer que no habría ley seca.

Tampoco el agua fue impedimento para los invitados, que tuvieron que sufrir la incomodidad de hacer largas filas para ingresar a la Plaza de Bolívar y usar sombrillas que compraron a vendedores ambulantes, quienes hicieron literalmente su siete de agosto ofreciendo este utensilio para llevarle una comida digna a su familia esa noche.

Entre las prioridades del nuevo mandatario se encuentran restablecer relaciones diplomáticas con Venezuela, solucionar el problema del sector de la salud, la educación, el desempleo, entre otras cosas. Esperemos que los goles que prometió meter sean para las fuerzas insurgentes y no para los colombianos que votaron y confiaron en Él.

Santos Recuerdos de Leni Riefenstahl

Lecturas visuales de un evento gubernamental

Por:

Robert Jesurún

“Desde las 6:00 de la mañana, nuestro equipo se encuentra en la Plaza de Bolívar, para transmitir a los colombianos la posesión de nuestro presidente Juan Manuel Santos. Ya desde los mismos preparativos, pudimos ver la increíble pompa de la ocasión, y el equipo de la transmisión oficial, que mandaría la señal por nuestro canal y por la competencia en simultánea, tendría un dispositivo técnico acorde con el momento. Observando la transmisión recordaba mis clases de documental en la Universidad, cuando veíamos en medio del frío auditorio, los densos y espectaculares documentales de Leni Riefenstahl, narrando los eventos organizados por los Nazis. La sensación, pensé, es exactamente la misma. Era solo cuestión de tiempo antes de que Vicky, Johana y los dos Jorges empezaran con su narración. La cosa era en vivo, y el protocolo debía ser respetado.”

“Al mediodía, empezaremos la transmisión. Todas aquellas notas pregrabadas, con las curiosidades de los Presidentes que habíamos hecho con el historiador –Nancy es la que sabe el nombre- y las imágenes que recolectamos de la ceremonia indígena en la mañana estaban editadas y entortadas. Los Jimmy Jib y las docenas de cámaras ya debían estar instaladas. Todos los rincones de la Plaza tenían una cámara, y las panorámicas, teniendo en cuenta las locaciones en las azoteas, serán espectaculares.”

“El almuerzo me cogió en el lugar equivocado. Apagué el televisor del estudio unos segundos para ir a comer. Preciso a Cronos le dio por correr en el momento en que me senté a la mesa, porque al volver, ya eran las dos de la tarde y la transmisión llevaba dos horas de iniciada. Al prender mi pantalla, noté que mis apreciaciones sobre Riefenstahl y la posesión estaban muy cerca de la realidad. Detrás de Johana –que en el momento en que prendí el televisor hablaba de la colocación de las sillas, en un comentario que para mí era bastante descontextualizado- podía vislumbrar una muy buena panorámica de la Plaza, ricamente decorada y engalanada para la magna ocasión. Me senté y vi con detenimiento las hermosas tomas de la Plaza y las panorámicas del centro bogotano. Ya me di cuenta de lo que estaba viendo: la transmisión se diseñó como una celebración a la persona y a la grandeza del presidente entrante. No recuerdo haber visto una emisión tan majestuosa e impresionante en este país. Doña Leni estaría muy contenta.”

“En medio de estas impresionantes tomas y de los muy precisos movimientos de los Jimmy Jib, me detengo a ver las actuaciones de nuestros presentadores. Por alguna razón, los presentadores en estas transmisiones en vivo pierden un poco la formalidad y suelen hacer comentarios más “relajados”, podría decirse, y hay más probabilidades de reír en vivo. Vicky, por ejemplo, era mucho más desparpajada acá que el estilo acartonado que suele tener, en especial al presentar “la cosa política”.  ¿Se acuerdan eso que dije de un protocolo y una actitud que mantener? Olvídenlo, esto hizo que la transmisión fuera un poco más tolerable, ya que el desarrollo de los eventos iba a paso de tortuga y en más de una ocasión –especialmente al inicio- el switcher ponchaba tomas muy similares una y otra vez.”

“Los bostezos y el hipnótico letargo que vivía gracias al copioso almuerzo y a la parsimonia con la que sucedían los hechos en el centro de la ciudad se vieron interrumpidos por el ocasional error que suele ocurrir en este tipo de transmisiones. Sin embargo, la transmisión oficial fue casi perfecta, salvo por algún movimiento súbito que poncharon en mal momento –los Jimmy Jib pueden ser a veces complicados de controlar, y la hiperactiva producción de un evento de estos hace que un camarógrafo sea “capturado” cuando se está acomodando-. Los errores más obvios y graciosos fueron de parte nuestra: sonidos sin mezclar apropiadamente, por lo que teníamos casos como el de una declaración de algún invitado sonando en primer plano, mientras en el fondo el presentador murmura algo que no tiene absolutamente nada que ver. Además, Jorge Alfredo quedó con el Lip Sync[1] desfasado, por lo que el VTR tuvo que hacer una maniobra que aun no entiendo del todo para cuadrar nuevamente lo visto con lo escuchado.”

“Llevo casi una hora de ver el evento y no me había dado cuenta de algo: el evento como tal no había comenzado y los invitados no habían terminado de llegar, al punto que ni siquiera el mismo homenajeado había hecho presencia en el recinto: la puntualidad colombiana en acción. Y es acá donde se ve el lento andar de los acontecimientos y el relleno se pone de manifiesto: vemos cientos de tomas de los invitados entrando, uno por uno, a la Plaza de Bolívar, y para agregar un poco de variedad, tomamos a otros invitados saliendo del Hotel Tequendama. Todo eso intercalado con las consabidas panorámicas y uno que otro plano de los preparativos. Lo único que rompía un poco la monotonía fueron las notas.”

“Al fin, a las 3:33 de la tarde, y después de una buena ronda de tinto, llegó con su familia el nuevo mandatario de nuestro sumiso e ingenuo pueblo colombiano. Un travelling back hecho a puro hombro, un poco tembleque como es de esperarse en este tipo de movimientos toma al Presidente entrante y a su familia bajando a pie por la calle 10 hacia la Plaza. Personalmente, yo hubiera buscado algo más estable: un dolly o una grúa o algo por ese estilo, ya que el movimiento dubitativo del plano le quita esa grandiosidad que estaban buscando. Definitivamente, que tu primer plano como gobernante de un país sea tan inestable es una muy mala señal.”

“Desafortunadamente, todo aquel dispositivo tan bonito que llevaban hasta el momento se cae y se vuelve muy “jarto” cuando la ceremonia como tal empieza. La creatividad en el uso del lenguaje cinematográfico da paso al anquilosado y rígido lenguaje de las ceremonias formales, y los movimientos dan paso a planos fijos del orador de turno y una que otra toma del público ilustre situado en las elegantes sillas. Algo que ya era un poco aburrido se vuelve algo casi insufrible en este punto, y muchas personas ya habrán cambiado el canal (en caso de que tengan cable, porque de lo contrario, se quedarán con esto), o simplemente habrán apagado el televisor y pasado a otras actividades, como pasear al perro, regar las matas o pasar un rato en familia…”

“AL final del largo discurso del presidente entrante, el cual vi a medias entre los constantes cabeceos –el tinto se había agotado en ese punto-, pude ver en un momento algo que me hizo recobrar un poco la conciencia: ¡MOVIMIENTOS DE CÁMARA! Los Jimmi Jib estaban funcionando una vez más y estaban haciendo unas tomas espectaculares de los honores militares al nuevo Jefe de Gobierno. Tomas aéreas, Travellings en muchas direcciones y movimientos precisos hicieron las delicias de este aficionado al audiovisual, trayendo de nuevo aquellos recuerdos de las filmaciones en Nuremberg durante el congreso nacionalsocialista.”

“Normalmente, las posesiones presidenciales suelen ser algo con mucha pompa y protocolo. Pero en esta ocasión, a esta pompa se le agrega un nuevo ingrediente: una suerte de culto al ego y un exhibicionismo casi fascista. Siendo pesimistas, una emisión gubernamental que trae tantas reminiscencias de un lenguaje cinematográfico creado y utilizado bajo un régimen tan dictatorial y maligno es una muy mala profecía.”


[1] Sincronización entre el movimiento de labios con el sonido en una producción audiovisual.

Escenario del poder

Por:

Deisy Johana Olaya

Siendo las tres y treinta  de la tarde, del  7 de agosto de 2010, bajo un clima muy variable entre lluvia y sol, en la Plaza de Bolívar, se llevó a cabo la majestuosa posesión de Juan Manuel Santos como el nuevo presidente de los colombianos. Este acto puede considerarse como uno de los mejores de la historia nacional, por su sobriedad y elegancia. En medio de un impresionante y suntuoso protocolo de entradas, llegadas y ubicaciones, 5000 asistentes tomaron sus elegantes asientos de cojín blanco, alrededor de la estatua del Libertador –primorosamente decorada con un cerco de flores blancas-, y vieron en vivo y en directo el cambio de poder en nuestro sufrida nación.

Evidentemente el lugar  estuvo muy bien decorado, con banderas de todos los departamentos del país, elegantes sillas de color blanco adornadas con cintillas tricolor, otras de color rojo, en donde fueron ubicados los invitados de honor, como los mandatarios de Brasil, Ecuador, Argentina, el príncipe de Asturias, el gabinete de ministros salientes y entrantes, entre otros. Los ilustrísimos invitados a la ceremonia fueron recibidos con la mayor de las pompas, con alfombra roja, bandas de guerra y modelos con vestidos típicos de cada región del país.

El público del centro se cubrió bajo unos paraguas marcados con la leyenda ‘Posesión presidencial Juan Manuel Santos’, adornadas de igual manera con banderas pintadas, una cuidada producción en la transmisión de TV; zonas demarcadas para asistentes y periodistas; colores selectos en el montaje; toque de gaiteros; serpentinas con el tricolor nacional camino a la Casa de Nariño… Cada detalle expresa un matiz del lenguaje de la era Santos. Un lenguaje de alguien refinado, de alta alcurnia. Un evento apoteósico… para los invitados.

La tarima principal fue ubicada en la puerta del capitolio nacional, en donde se adecuó una pantalla gigante para proyectar la cámara principal, al fondo una bandera de Colombia en LEDs. Esta tarima pone de manifiesto el poder del presidente, un nivel encima de todos y de espaldas al Capitolio, aquel  edificio que alberga al Congreso, la fuerza casi unánime que en este periodo de gobierno respaldará a Santos.

La imponente ceremonia estuvo enmarcada por un despliegue de alta tecnología y mediatización, que quizá muestra lo poderoso que puede llegar a ser el nuevo gobierno santista. El nuevo gobierno se ha manifestado con una demostración de poder y patriotismo, donde la inmensa bandera de LEDs iluminará el camino de la Unidad Nacional. La Plaza de Bolívar se hinchó de patriotismo con las banderas, los vestuarios y el bello himno nacional cantado por un coro infantil. El tricolor patrio fue el tema del día en la toma del poder: en la tarima, en los edificios aledaños, en los asientos de los asistentes…

Las cámaras de la transmisión oficial, sin embargo, revelaba la otra realidad de la posesión presidencial en sus panorámicas: aquella de los alrededores de la engalanada plaza, el pueblo, aquel que puso a los gobernantes pero que siempre queda afuera de sus fiestas y sus determinaciones. Los barrios marginados de Las Cruces, todos aquellos seres comunes y corrientes que dejaron por fuera. Las murallas de fuerza pública, los aviones y helicópteros sobrevolando la ciudad como ángeles orwellianos, todo por mantener al pueblo común y corriente, “la chusma”, alejada de aquellos que él mismo puso allí. Esta fue una ceremonia para las elites, para los pocos que realmente podrán disfrutar de las mieles del poder y de los beneficios. Cuando Santos dijo “no los defraudaré”, se estaba refiriendo a aquellos que lo vieron de frente aquella tarde. A los demás no los pudo ver a través de la lente de la cámara.