LA MUERTE LENTA DEL SALTO

Por:

Jennifer Enríquez

Este lugar, donde el Río Bogotá tiene una caída de 132 metros aproximadamente; de una vista hermosa y uno de los lugares mas visitados por su belleza natural, esta muriendo lentamente a causa de la contaminación, así guardando con el tantas historias de las que no conocemos su veracidad.

En aquella mañana, salimos de la universidad Los Liberadores un grupo de 20 estudiantes de Comunicación Social y periodismo; llenos de expectativa y esperando llegar pronto al Salto del Tequendama a 30 km de Bogotá. Muchos para conocer y oros para recordar lo que conocíamos de este maravilloso lugar. Al llegar, la primera imagen que vi fue al cielo cubierto de espesa neblina y una vista espectacular del salto, solo que con una diferencia muy grande, ya no era el mismo donde el agua corría en grandes cantidades y caía fuertemente sobre las rocas sucias que estaban al final del abismo.

Con mis compañeros queríamos conocer un poco mas de la naturaleza del salto y decidimos con el profesor Hermógenes ir a la cima de este, fue así que empezamos a subir por el borde de la carretera, durante el camino nos encontramos con unas vacas que todavía me asombra como pueden comer sin caerse por los cerros y peor aun con ese olor tan desagradable que sale del agua del rió; seguimos descendiendo y vimos un aviso que prohibida el ingreso, pero hicimos caso omiso a eso y pasamos la cerca de seguridad para seguir por la zona verde que rodea la cima de este, claro que además de ver eso, el olor era nuestro mayor guía ya que cada vez se hacia mas fuerte.

Al llegar al objetivo nos encontramos con una roca muy grande que tenia un mensaje muy especial, decía: “Tus problemas tienen solución, el señor Jesucristo de dice: yo soy el camino, la verdad y la vida’’, esta piedra estaba rayada con diferentes nombres y cosas que no se podían definir pero que pueden ser de las personas que decidieron terminar con sus vida en este lugar, eso no lo se, pero lo que si es evidente, es que fue hecho para evitar tantos suicidios ya que la gente busca mucho este lugar para ‘terminar’ con sus problemas pero que en muchos casos e historias se cuenta que las almas quedan penando. Pero bueno eso es algo que no podríamos comprobar o por lo menos en este viaje, ya que muchos de estos casos han llegado a su fin sin tener una respuesta verídica o comprobable.

Y continuando con el viaje a la cima, pasamos esa gran roca que nos produjo diferentes pensamientos y sensaciones, llegamos a los 134 metros de altura, el agua era totalmente negra muy sucia definitivamente, por eso producía ese fuerte olor pero el agua era mas escasa, sus piedras un poco raras a mi parecer, tenían muchos huecos y formas, se veían muy suaves y su color estaba bien, nada sucias para el color del agua; con mis compañeros recorrimos ese espacio muy grande y llamativo por su extraña belleza.

Pero además de eso se veía mucha basura, botellas, ropa y diferentes desechos que este arrastra en su recorrido, desde muchos kilómetros atrás y que son los causantes de ese mal olor y peor aun, lo mas grave e importante, ver la muerte lenta de esta atracción turística y natural que se ha visto afectada por la contaminación y falta de concientización de muchos ciudadanos, lo bueno seria valorarlo y cuidarlo para no perderlo.

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LOS MÁGICOS SENDEROS DE “LA VIEJA”

Por:

Jennifer Enriquez

En aquella mañana soleada, llena de vida y color, empezó un viaje extraordinario a un mundo al que no conocía;  pero del que todos hablaban por su exuberante belleza.

Todo empezó en un camino largo, que no parecía tener fin, salimos por la calle 64  con 16 hasta llegar a la 72 con 7, donde mis sentidos empezaron a notar ese agradable cambio, los árboles iluminados, ese agradable olor de las plantas, ese hermoso sonido del agua que corría por la quebrada, fue maravilloso pero eso no era nada  comparado con lo que iba a vivir más adelante.

En compañía de Hermogenes Ardila, el culpable de esta maravillosa experiencia y mis compañeros de clase empezamos a recorrer ese paraíso, todos sorprendidos por lo que estaba a nuestro alrededor, empezamos a explorar todo aunque no todos estábamos  preparados para ese viaje, teníamos toda la disposición para  hacerlo, fue un poco complicado el recorrido para algunos ya que no contábamos con el equipo necesario para eso y mucho menos la vestimenta ni zapatos.

A pesar de esto, eso no fue impedimento para descubrir todo lo que venía quebrada arriba, durante el recorrido nos encontramos con Pedro Ardila quien lleva 10 años en la asociación amigos quebrada “La vieja”, un guarda bosques que cuida, protege y mantiene limpia esta reserva natural;  entre tanto el nos cuenta que durante este tiempo que ha trabajado  en la Asociación, no solo disfruta de esto sino también, es su fuente de ingresos con la cual sostiene a su esposa y dos hijos. Con una trayectoria de 2 horas, desde el barrio Danubio Azul hasta llegar a la 72 con 1 es su rutina diaria, donde empieza su gran labor ya que gracias a esto ha logrado sacar a su familia adelante.

No siendo suficiente, “La Vieja” tiene muchos seguidores y defensores, es así como aparece un señor de gorro azul, barbado, un poco sospechoso se nos acerco, pero al hablar con él, nos enteramos que es Juan Jacobo Pavas un habitante del sector que vive allí desde hace 30 años; el nos dijo que los edificios de su alrededor  dan un aporte para el mantenimiento y cuidado de esta, ya que  son: “senderos mágicos que hay que cuidar y respetar”  y no solo esto, el nos deja un mensaje a todos los periodistas que debemos tener “espíritu y sentido ecológico”.

Después de esto seguimos subiendo más y más, hasta llegar a un punto donde decía “Bienvenidos a los Cerros Orientales”, la entrada que ya hace parte de la Empresa de Alcantarillado de Bogotá, allí seguimos el acenso, hasta llegar a una puerta grande verde donde descubrimos que es un túnel de Los Rosales.

Durante el camino nos encontramos con unos perros, claro que uno de ellos era muy diferente, sobresalía de los demás este tenía algo especial se comía las mariposas, ara algo nuevo, nunca antes vivido. Luego de vivir esta extrovertida experiencia bajamos lo cerros hasta llegar a un parque donde términos nuestro recorrido.

Todo esto me sirvió para conocer y aprender que un verdadero periodista nace del campo, del estar ahí, en el lugar y no de hacer periodismo encerrados en el mismo lugar.