Santos: el anfitrión de 17 personalidades internacionales

Por:

Carlos Trujillo

La posesión del nuevo mandatario de los Colombianos, Juan Manuel Santos Calderón, el día sábado siete de agosto sorprendió a más de uno, no solo por realizarse al aire libre en la Plaza de Bolívar en Bogotá como muestra del innegable avance en materia de seguridad, sino también por quienes  se hicieron presentes en el importante acto.

Fueron más de 3000 los invitados entre los cuales estuvieron altas personalidades de la política nacional e internacional.

El primero de los mandatarios en llegar a territorio colombiano fue el presidente de Uruguay José Mujica, quien arribó el viernes seis de agosto sobre las 11:30 de la mañana, saludando al pueblo colombiano. Este se reunió con Santos para tratar los puntos acerca de la crisis diplomática entre Colombia y Venezuela, luego de que estos dos países rompieran relaciones. Mujica entonces destacó la disposición del presidente electo y aseveró que en la región no hay cabida para los conflictos.

Minutos después hizo su llegada el primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, quien agradeció al gobierno de Colombia por la ayuda prestada luego del devastador terremoto que asoló a su país el pasado 12 de enero.

Después de las 2 de la tarde llegó el presidente de Guatemala Álvaro Colom quien felicitó a los colombianos por la llegada del nuevo gobierno, a lo cual afirmó que era “una fiesta democrática”, y  posteriormente su homólogo el presidente de El Salvador Mauricio Funes. A su llegada el salvadoreño expresó su total disposición para contribuir a la normalización de las relaciones entre Colombia y Venezuela.

Por su parte la presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla demostró su agrado de pisar tierra colombiana.

El presidente de Honduras Porfirio Lobo dijo los medios de comunicación: “Esperamos que Colombia continúe por el mismo camino de paz y prosperidad”, a la vez que expreso su admiración a la labor desempeñada por el presidente saliente Álvaro Uribe Vélez luego de los ocho años de su administración, sobre todo en materia de seguridad.

Para ese día ya se encontraba en Colombia los mandatarios Lula da Silva de Brasil y Sebastián Piñera de Chile, quienes llegaron, al igual que el resto de presidentes al aeropuerto internacional de CATAM sobre las seis de la tarde.

También hacia presencia los mandatarios de Perú Alan García, de República Dominicana Leonel Fernández, de Georgia Mikheil Saakashvilli, de Panamá Ricardo Martinelli, de México Felipe Calderón y el secretario general de la Unasur el ex mandatario argentino Néstor Kirchner, esposo de la actual presidenta de ese país Cristina Fernández, quien fue la última en llegar  esa noche.

Por su parte el mandatario venezolano Hugo Chávez confirmó la asistencia de su canciller Nicolás Maduro a la posesión, señal que indicaba un posible acercamiento entre estos dos países, y efectivamente al día siguiente, sábado, el canciller hacía presencia.

El sábado arribó a las 5:40 de la mañana el Príncipe Felipe de Borbón, heredero de la corona española y a las 10:49 de la mañana aterrizaba el Presidente de Ecuador Rafael Correa, quien elogió y deseó mucha suerte a los colombianos con el nuevo gobierno.

A las 10:56 llegó el canciller de Venezuela Nicolás Maduro, como había afirmado Hugo Chávez. Maduro expresó a los medios de comunicación en CATAM “Queremos extender nuestra mano cariñosa a todo el pueblo de Colombia. Venimos con la mejor disposición de avanzar y de trabajar viendo al futuro”.

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Escenario del poder

Por:

Deisy Johana Olaya

Siendo las tres y treinta  de la tarde, del  7 de agosto de 2010, bajo un clima muy variable entre lluvia y sol, en la Plaza de Bolívar, se llevó a cabo la majestuosa posesión de Juan Manuel Santos como el nuevo presidente de los colombianos. Este acto puede considerarse como uno de los mejores de la historia nacional, por su sobriedad y elegancia. En medio de un impresionante y suntuoso protocolo de entradas, llegadas y ubicaciones, 5000 asistentes tomaron sus elegantes asientos de cojín blanco, alrededor de la estatua del Libertador –primorosamente decorada con un cerco de flores blancas-, y vieron en vivo y en directo el cambio de poder en nuestro sufrida nación.

Evidentemente el lugar  estuvo muy bien decorado, con banderas de todos los departamentos del país, elegantes sillas de color blanco adornadas con cintillas tricolor, otras de color rojo, en donde fueron ubicados los invitados de honor, como los mandatarios de Brasil, Ecuador, Argentina, el príncipe de Asturias, el gabinete de ministros salientes y entrantes, entre otros. Los ilustrísimos invitados a la ceremonia fueron recibidos con la mayor de las pompas, con alfombra roja, bandas de guerra y modelos con vestidos típicos de cada región del país.

El público del centro se cubrió bajo unos paraguas marcados con la leyenda ‘Posesión presidencial Juan Manuel Santos’, adornadas de igual manera con banderas pintadas, una cuidada producción en la transmisión de TV; zonas demarcadas para asistentes y periodistas; colores selectos en el montaje; toque de gaiteros; serpentinas con el tricolor nacional camino a la Casa de Nariño… Cada detalle expresa un matiz del lenguaje de la era Santos. Un lenguaje de alguien refinado, de alta alcurnia. Un evento apoteósico… para los invitados.

La tarima principal fue ubicada en la puerta del capitolio nacional, en donde se adecuó una pantalla gigante para proyectar la cámara principal, al fondo una bandera de Colombia en LEDs. Esta tarima pone de manifiesto el poder del presidente, un nivel encima de todos y de espaldas al Capitolio, aquel  edificio que alberga al Congreso, la fuerza casi unánime que en este periodo de gobierno respaldará a Santos.

La imponente ceremonia estuvo enmarcada por un despliegue de alta tecnología y mediatización, que quizá muestra lo poderoso que puede llegar a ser el nuevo gobierno santista. El nuevo gobierno se ha manifestado con una demostración de poder y patriotismo, donde la inmensa bandera de LEDs iluminará el camino de la Unidad Nacional. La Plaza de Bolívar se hinchó de patriotismo con las banderas, los vestuarios y el bello himno nacional cantado por un coro infantil. El tricolor patrio fue el tema del día en la toma del poder: en la tarima, en los edificios aledaños, en los asientos de los asistentes…

Las cámaras de la transmisión oficial, sin embargo, revelaba la otra realidad de la posesión presidencial en sus panorámicas: aquella de los alrededores de la engalanada plaza, el pueblo, aquel que puso a los gobernantes pero que siempre queda afuera de sus fiestas y sus determinaciones. Los barrios marginados de Las Cruces, todos aquellos seres comunes y corrientes que dejaron por fuera. Las murallas de fuerza pública, los aviones y helicópteros sobrevolando la ciudad como ángeles orwellianos, todo por mantener al pueblo común y corriente, “la chusma”, alejada de aquellos que él mismo puso allí. Esta fue una ceremonia para las elites, para los pocos que realmente podrán disfrutar de las mieles del poder y de los beneficios. Cuando Santos dijo “no los defraudaré”, se estaba refiriendo a aquellos que lo vieron de frente aquella tarde. A los demás no los pudo ver a través de la lente de la cámara.