LADO OSCURO DEL TEQUENDAMA (¡AAAAYYYYYY NOOO ESPEREN, PAREN, PAREN NO ME DEJEN… QUE SUSTO!)

Por:

Viviana Jiménez

Su voz se escuchaba agitada, casi estaba llorando del miedo, su cuerpo temblaba, se lograba ver en sus ojos angustia, se encontraba fría. El sitio estaba oscuro no veíamos ni los escalones y de repente un golpe duro nos estremeció.
Siendo las 9:45 de la mañana partimos emocionados los estudiantes de Géneros Periodísticos hacia el conocido y muy nombrado Salto de Tequendama en una expedición donde lo que buscábamos era una historia o mejor dicho “la historia” para nuestra crónica.
El ambiente en el bus era de alegría se escuchaban risas, cantos, bromas, chistes y en general se podía sentir una muy buena energía, hacia calor y nos refrescábamos tomando aguardiente. Siendo las 11:00 de la mañana llegamos al tan anhelado sitio; buscaban sus cámaras y grabadoras y empezaba la sesión de fotos. Yo solo observaba y me decía para mi misma: “ya eh visitado este sitio muchas veces, que aburrido pegarme el viaje para ver como cae un chorro de agua ya casi inexistente, sucia, negra, mal oliente y con vacas desnutridas alrededor, rodeado por pasto amarillo, largo y con excremento por todas partes hoy sábado día del amor y la amistad”.
No podemos negar que el Salto de Tequendama es conocido por las abundantes muertes que allí han ocurrido; unas con explicaciones y otras sin ninguna. Entonces me cuestioné como podía ser posible que las personas se subieran a lo alto del salto y se botaran desde aquel sitio siendo este sumamente antihigiénico es esta una forma digna de morir. Además morir de un golpe y luego ser devorado por chulos. Acaso esas personas ¿nunca llegaron a sentir amor propio?
El profesor decidió hacer una expedición más profunda, así que sugirió descender a la parte donde empieza el salto, no me atreví hacerlo porque el sitio olía muy feo así que decidí quedarme en la parte de arriba observando el mal oliente, sucio, negro y escaso Salto de Tequendama y alrededores; en ese momento recordaba las palabras de mi mamá que decía: “Vivi llévate un tapabocas que ese sitio huele feísimo y te vas a enfermar” o mejor aún las de mis compañeros de clase de legislación de prensa diciéndome minutos antes de abordar el bus: “ Vivi quédate y le hacemos el amor a la amistad entre risas que ese sitio huele maluco”.
Lo único que me motivaba estaba hay, frente a mis ojos, color rosa un poco cuarteado, con varias ventanas y unos cuantos balcones, aunque en ruinas y un poco viejo para mi era perfecto y más que perfecto bello.

Luego de hacer unas cuantas negociaciones con el señor José Ignacio Valera (Que una gaseosita, que una foto, que $3000 después que no, que $4000) logramos un grupo de 11 compañeros ingresar al misterioso y un poco escalofriante hotel, todos muy emocionados y al mismo tiempo con un poco de miedo porque ya habíamos escuchado historias acerca de lo que ocurría en ese hotel; que en su época es decir en el año de 1928 fue muy lujoso y no cualquier persona podía ingresar en ese sitio ya que solo lo podían hacer personas que tuvieran mucho dinero. Empezamos a tomar fotos desde la entrada, todos a la expectativa de un fantasma.
Al ingresar se podía sentir el olor a humedad, a guardado a viejo y hasta se podía sentir el miedo que algunos teníamos. Laura tomo una primer foto en las escaleras de la entrada y para sorpresa de todos en esa foto se reflejo algo que no era normal en una foto, empezando porque las escaleras estaban solas y ella tomo la foto y salió un espectro blanco en la foto, nos mostro la foto y definitivamente eso hizo que sintiéramos más miedo.
El señor José Ignacio Valera nos llevo a los dos sótanos, las escaleras estaban oscuras y luego de ver la foto de Laura el miedo era total en esas escaleras, en el primer sótano el vigilante nos empezó a contar historias acerca de los fantasmas que habitan en esa “hermosa” casa. Nos hablo del hombre sin cabeza con sus dos perros, de la señora que habita el segundo piso donde suele escuchar música clásica a tardes horas de la noche y de la pareja de habita el segundo sótano.
Según él cuando alguna de las personas no le simpatiza a estos huéspedes, suelen hacerse notar hablándole a la persona al oído, jalándole la ropa o el cabello y en el peor de los casos pueda que en ese momento las personas no se den cuenta, pero si le llega a caer mal a alguno de estos “simpáticos” huéspedes lo mas probable es que lo golpeen sin que se den cuenta y al día siguiente la persona pueda sentir dolor o malestar en todo el cuerpo a parte de moretones.
Saliendo ya de los sótanos empezamos a subir las escaleras del lujoso hotel, estaba muy oscuro y de pronto escuchamos un estruendo muy duro que nos puso a gritar a los últimos que íbamos en la fila.
El susto fue tan grande que temblábamos del miedo…

LA MUERTE LENTA DEL SALTO

Por:

Jennifer Enríquez

Este lugar, donde el Río Bogotá tiene una caída de 132 metros aproximadamente; de una vista hermosa y uno de los lugares mas visitados por su belleza natural, esta muriendo lentamente a causa de la contaminación, así guardando con el tantas historias de las que no conocemos su veracidad.

En aquella mañana, salimos de la universidad Los Liberadores un grupo de 20 estudiantes de Comunicación Social y periodismo; llenos de expectativa y esperando llegar pronto al Salto del Tequendama a 30 km de Bogotá. Muchos para conocer y oros para recordar lo que conocíamos de este maravilloso lugar. Al llegar, la primera imagen que vi fue al cielo cubierto de espesa neblina y una vista espectacular del salto, solo que con una diferencia muy grande, ya no era el mismo donde el agua corría en grandes cantidades y caía fuertemente sobre las rocas sucias que estaban al final del abismo.

Con mis compañeros queríamos conocer un poco mas de la naturaleza del salto y decidimos con el profesor Hermógenes ir a la cima de este, fue así que empezamos a subir por el borde de la carretera, durante el camino nos encontramos con unas vacas que todavía me asombra como pueden comer sin caerse por los cerros y peor aun con ese olor tan desagradable que sale del agua del rió; seguimos descendiendo y vimos un aviso que prohibida el ingreso, pero hicimos caso omiso a eso y pasamos la cerca de seguridad para seguir por la zona verde que rodea la cima de este, claro que además de ver eso, el olor era nuestro mayor guía ya que cada vez se hacia mas fuerte.

Al llegar al objetivo nos encontramos con una roca muy grande que tenia un mensaje muy especial, decía: “Tus problemas tienen solución, el señor Jesucristo de dice: yo soy el camino, la verdad y la vida’’, esta piedra estaba rayada con diferentes nombres y cosas que no se podían definir pero que pueden ser de las personas que decidieron terminar con sus vida en este lugar, eso no lo se, pero lo que si es evidente, es que fue hecho para evitar tantos suicidios ya que la gente busca mucho este lugar para ‘terminar’ con sus problemas pero que en muchos casos e historias se cuenta que las almas quedan penando. Pero bueno eso es algo que no podríamos comprobar o por lo menos en este viaje, ya que muchos de estos casos han llegado a su fin sin tener una respuesta verídica o comprobable.

Y continuando con el viaje a la cima, pasamos esa gran roca que nos produjo diferentes pensamientos y sensaciones, llegamos a los 134 metros de altura, el agua era totalmente negra muy sucia definitivamente, por eso producía ese fuerte olor pero el agua era mas escasa, sus piedras un poco raras a mi parecer, tenían muchos huecos y formas, se veían muy suaves y su color estaba bien, nada sucias para el color del agua; con mis compañeros recorrimos ese espacio muy grande y llamativo por su extraña belleza.

Pero además de eso se veía mucha basura, botellas, ropa y diferentes desechos que este arrastra en su recorrido, desde muchos kilómetros atrás y que son los causantes de ese mal olor y peor aun, lo mas grave e importante, ver la muerte lenta de esta atracción turística y natural que se ha visto afectada por la contaminación y falta de concientización de muchos ciudadanos, lo bueno seria valorarlo y cuidarlo para no perderlo.

SI ERES BIENVENIDO, ELLOS NO TE HARÁN NADA…

Por:

Julián Cuellar

Dos horas de va
Hey, ¿te sientes bien?, te noto mareado. Aunque claro, luego de todo el “chorro” que te bajaste y esas 3 “polas” en fondo blanco, cualquiera estaría así. Esas son las únicas palabras que pude recordar de la noche del viernes, previo a la salida al Tequendama, ese lugar donde tendríamos nuestra clase de Géneros II como para variar un poco y cambiar el pesado calor en el salón de clase. Mientras abría mis ojos y la luz entraba por las tejas de mi cuarto, aún podía sentir el olor a cigarrillo y alcohol que flotaban en el aire empeorando el mareo y el dolor de cabeza, pese a que tardé 20 minutos en la ducha y me cambié de ropa, el olor seguía y el hedor del licor era mi carta de presentación para cualquiera que saludara.
Como buenos colombianos que somos, y haciendo honor a nuestra patria, salimos 1 hora después de lo acordado en días pasados. El bus que se dirigía a las cercanías del municipio de San Antonio del Tequendama rebosaba de bullicio y algarabía de jóvenes estudiantes que se estremecían por llegar y conocer un poco más acerca de esta cascada ubicada a 30 km al sur oeste de la capital, un lugar que muchos solo conocen por ser el epicentro favorito, de aquellos que creen que el suicidio es la solución a todos los males.
Mientras el bus avanzaba por la autopista sur, los cánticos de algunas estudiantes se vieron acompañados de bailes sensuales y pruebas atrevidas para matar la hora que nos tardaríamos en arribar a nuestro destino. Entre prueba y prueba y adivinanzas de canciones llegamos al Salto del Tequendama, donde algunos quedamos decepcionados al ver que el caudal de agua que teníamos en mente y que algunos vez conocimos en nuestra niñez, no era más que un pobrecito chorro de agua que intentaba asomarse por la larga caída de 157 mts., que significaba el tamaño de la cascada.
Junto al mirador y en constante decadencia por los años, se encontraba el Hotel del Salto, un Hotel que por su arquitectura mostraba que fue en su época una reina entre princesas. Fundado en la década del 20 cuando también bajo la expedición de las leyes 25 y 45, se crearon el Banco de la República y la Superintendencia Bancaria, este hotel albergó extranjeros en busca de placeres latinos, placeres que solo un lugar exótico como el Tequendama, podía ofrecer. Asesinatos y suicidios pronto afloraron en el Tequendama para que se formaran las leyendas y los mitos urbanos que hoy día rodean su geografía.
Con un vestíbulo demacrado y unas escaleras roídas por las termitas y la humedad, el Hotel del Salto nos abrió las puertas bajo su aura mística y abrumadora, que no solo encierra historias ni relatos, si no fantasmas y espectros que según Xxxxx asustarían hasta al más valiente. Don Xxxx lleva siendo el guarda de este hotel desde hace 15 años, 15 años que según él, ha visto cómo muchos han salido corriendo, por no ser bienvenidos en él. –Si usté es de esos que no creen en los fantasmas, ellos lo comenzarán a asustar y no lo dejarán en paz hasta que salga pitao’ de la casa-, la cara de muchos de los que estábamos allí fue cambiando a medida que nos internábamos en la planta baja del Hotel, con fuerza en los brazos y pasos lentos, descendimos hasta un pequeño cuarto totalmente destruido, en el rincón más alejado del hotel. Algunos no podíamos evitar ver hacia el corredor que conectaba al cuarto del rincón con las escaleras por las que habíamos descendido, en busca de alguna aparición o de laguna señal de algún fantasma. Con cada relato más se sentía el peso de la atmósfera, como si en vez de una historia, Don Xxxx estuviese recitando un conjuro para atraer a los espíritus.
Cada habitación, cada peldaño y cada muro de ese antiguo hotel, narraba en su arquitectura una historia, un pasado y un acontecimiento que en algún punto de la historia cambió el curso de la vida, de algún desafortunado mercader, o una pobre prostituta, que encontraron en él su triste final. Ahora con los años encima y sus paredes a punto de desmoronarse, El Hotel solo es habitado por aquellos mismos huéspedes que únicamente lo abandonaron de manera física, pero que su espíritu aún se mantiene rondando por sus corredores asustando a aquellos que osen entrar sin el debido respeto que ellos merecen.

El mugriento fantasma del abismo

Por:

Robert Alejandro Jesurún Ramírez

“No había nada al alcance del oído, ni de la vista, excepto una inmensidad de negro limo; y, sin embargo, la absoluta quietud y la monotonía del paisaje me agobiaban con un terror nauseabundo”

                                         H.P. Lovecraft, Dagón.

Nos encontramos aquel frío sábado en la mañana, en alguna universidad de la pétrea selva sabanera que es Bogotá. Quedé de encontrarme con mis compañeros de curso y con el profe para ir a aquel lugar de horrores que llamamos el Salto del Tequendama. Sitio inmundo, letrina de los citadinos, fragante a estiércol y basura, cuyo nombre es apenas una nota al pie de la salvaje era precolombina, antes de que el hombre blanco llegara y mandara todo al carajo. Lo que debió ser en algún momento un sitial paradisiaco se convirtió en un territorio nauseabundo, que incluso al mismo Cthulhu le hubiera dado asco llamar su hogar. Para este viaje, llegaríamos al chuzito de nuestra educación superior y tomaríamos el bus para salir de esta mole de concreto y superpoblación.

Tras una breve espera y una compra fallida de cebada fermentada, finalmente nos montamos al bus. Se suponía que iba a ser una excursión de trabajo, donde investigaríamos y recolectaríamos datos para hacer nuestra crónica, pero como cosa rara, empezamos a escuchar Oxígeno y a bailar y reír como tontos. Yo me comporté como el payaso que soy durante todo el viaje de ida, bailando reggaetón con dos damas hermosas como lo son Deisy y Jennifer, gorreando cerveza comprada en Soacha y cantando –o mejor, chillando- canciones de variado pelambre. En la bomba de gasolina, donde paramos un momento para tanquear el bus, mis chistes se pusieron más pesados, hablando sobre lubricación femenina y causando traumas de por vida a medio grupo al subirme la camisa promocionando productos para adelgazar. A medida que nos alejábamos de la civilización, el impresionante hedor de las aguas sucias permeaba el aire del bus. Muchos nos tapamos las narices, otros empezaron a sentir arcadas en sus gargantas. Cerramos las ventanas para evitar el “perfume francés”. Craso error: nos sofocamos en él.

Finalmente, una derruida casa de un color rosáceo, recubierta de maleza como un filete de salmón enmohecido nos dio la bienvenida a nuestro destino. Nos estacionamos en el mirador más sarcástico que haya conocido: en teoría es para mirar el hermoso paisaje que el río forma a nuestros pies, pero en realidad era una ventana a Mordor. Los llamados “chulos”, mensajeros del Hades, sobrevolaban nuestras cabezas como los Nazgûl, aquellos servidores del maligno Sauron, que vigilaban la Tierra Media buscando el Anillo. El panorama era digno de John Milton, casi esperando que los ángeles negros dieran la bienvenida a Satanás para que resurgiera entre el mugriento líquido.

Tomamos las fotografías de rigor, mientras veíamos el agua de color del ébano caer por entre las rocas. Subimos las bardas del mirador, y caminamos al borde del frondoso abismo que nos esperaba en el fondo. Mis reflejos de gorila ebrio me pusieron, en más de una ocasión, cerca a una caída libre de casi 300 metros. Mi considerable peso hubiera causado un pequeño temblor, y el cadáver no hubiera sido difícil de encontrar, pero bueno, al menos el río no recibió otro contaminante.

Los celadores del hotel en ruinas que había sobre el precipicio nos concedieron dos entrevistas. Como es bien sabido, este era el sitio favorito de muchos suicidas cuando Bogotá era apenas un pueblito provinciano. Miles de fotos en sepia y blanco y negro retratan aquellos que, tras un fracaso amoroso o financiero, deciden lanzarse al agua, con eso si no mueren del golpe tan áspero se mueren de la intoxicación al entrar en aquella piscina de mugre y horror. “Cuando la gente viene a suicidarse, al borde de la carretera, atraviesan, llegan al Salto y se botan…” nos decía don Luis, uno de aquellos seres vetustos que vigilan lo poco que queda por cuidar en este sector. Tres segundos, según don Luis, tres segundos dura la caída a este pozo de inmundicia, tres segundos en los que las fuerzas newtonianas jalan a aquellos desdichados hacia un fin certero. Tres segundos, lo que dura el descenso al Noveno Círculo del Infierno.  “Nunca dejan un cuerpo ahí: vienen la Defensa Civil y los Bomberos, cierran las compuertas, suben… el cuerpo. Hay veces que el cuerpo se demora 8 días, 15 días 28 días; porque el Sato tiene unas piedras así. Entonces el cuerpo queda apeñuscado… ”: Lenta agonía de los infortunados que caen entre las rocas, servidos como cena en el Tramonti para los chulos.

Decidimos con el grupo, después de las entrevistas, el caminar un rato hacia el norte y encontrarnos con una entrada hacia el nauseabundo río, la entrada de las almas desesperadas. Nos volamos la cerca y el aviso de “No pasar”, y tomamos un pequeños pero muy empinado descenso, lleno de barro y arbustos espinosos. A medida que me acercaba, el hedor era cada vez más fuerte, además de ver tallados en las rocas deprimentes mensajes y epitafios. No había alguna duda: estábamos descendiendo al mismo Infierno. El claro día que hizo solo enfatizó la ironía de tener un lugar tan feo en medio del “paraíso” chimbo con el que pintan a Colombia. Vimos la Virgen al borde del precipicio y la otra orilla del dantesco arroyito, y buscamos un camino para pasar por encima de las negruzcas aguas, como si se hubiera roto un oleoducto y todo el oro negro se hubiese filtrado entre las piedras.

Buscando evitar sumergir mis recias botas de cuero en el nauseabundo limo, salté las piedras con el objetivo de alcanzar la Virgen. Pero, una vez más mi pesada y poco grácil humanidad me dejó varado en medio del infernal afluente, rodeado de aguas color petróleo y una amplia variedad de basura y mugre. Derrotado y frustrado, regresé como pude a la orilla donde empecé, con el pantalón con un vergonzoso roto y el aroma pegado a mis fosas nasales. Regresamos al mirador, con una extraña sensación de hambre, pensando en convertirnos en Cazafantasmas y entrar al hotel para verlo por dentro. Al fin, una curiosidad que tuve desde pequeño iba a ser satisfecha.

Después de una ardua negociación y unos cuantos gramos de colesterol extra en nuestro sistema –si, encima de este lugar de horrores y hedores venden comida, ¿Cómo hacen para venderla y consumirla? Muy buena pregunta-, logramos entrar al filete de salmón vencido. Quiero decir, entramos al hotel, que alguna vez fuese un sitio de esplendor y buena rumba. Ahora, es supuestamente una casa embrujada donde un aquelarre de fantasmas contemporáneos con Gaitán se daban cita para darles un mal rato a todos aquellos que osaran invadir su morada. Entré a la casa, sintiéndome como Al-Hazred sumergiéndose en sus alocadas visiones dentro de la prohibida Ciudad sin Nombre, buscando los horrores ancestrales olvidados por el tiempo. Era un lugar en ruinas, mohoso y semidestruido. Lo que antaño era un lugar de diversión y hedonismo, ahora era una locación fantasmal, atravesada por la traviesa y destructiva mano de Cronos.



Contrario a mis expectativas, era un lugar bien iluminado, con miles de ventanas con vista hacia el Salto. Entramos a un pabellón de bienvenida, un pequeño vestíbulo con una escalera que daba hacia los pisos inferiores. Las paredes, blancas, se mantenían firmes a pesar del olvido, los pisos de madera mostraban huecos enormes, y crujían a cada paso que dábamos. Encontramos en nuestro camino varias habitaciones, hoy vacías, un húmedo y oscuro cuarto de lavandería que parecía un calabozo de los inquisidores, un baño, en buen estado pese a todo, con el extraño detalle de una pequeña cruz, hecha con dos palitos, colgada en el marco de la puerta.

Acallé mi voz por unos segundos, esperando escuchar el Azif, los indescifrables susurros de aquellos espíritus sin paz ni descanso, pero solamente atiné a oír las risas y comentarios de nuestra improvisada pandilla de Scooby Doo. El celador, aquel que nos abrió las puertas a aquella tumba de Tutankhamón y cuyo nombre fue enterrado en lo más recóndito de mi memoria, conoce como la palma de su mano a aquellos seres del más allá estancados en el más acá: sus patrones, sus costumbres e incluso sus preferencias personales. Según él, ellos le”recibieron”, es decir, lo acogieron, ya que los espectros no lo consideraron como un elemento perturbador en su limbo. Así nos describieron a uno de sus “amigos”: “Dicen que fue un tipo que asesinaron aquí y le cortaron la cabeza […] ”, este fantasma, retratado por un equipo de producción audiovisual, habita una amplia habitación del piso inferior, junto a una columna de soporte. Un fantasma que es descrito como un gigante decapitado, con una capa y sus grandes Cerberos a sus pies. Aparentemente, y según este caballero, hemos sido “bienvenidos” por este ente, ya que acalló su voz y no perturbó nuestra visita soltando a sus sabuesos.

Salimos de este sitial de leyenda, tomando fotos y subiendo las vetustas escaleras. A medida que fuimos conociendo los secretos e historias de esta ruinosa instalación, mucho del misterio y asombro que nos colmaba cuando cruzamos el umbral se disipó. Mientras salíamos al maloliente paraje adonde llegamos, miré una última vez hacia la “maravilla” creada por la magia de un olvidado dios chibcha. Por un breve instante, sentí un nudo en la garganta, y a fin entendí la sensación que tuve desde mi bajada del bus. Recordé la agónica magnificencia de este lugar, que me dio la bienvenida a cada viaje que hacía con mis padres. Aquel lugar que me maravillaba de pequeño, cuyo bramido ahogaba mis agudas frases dentro de aquel viejo Volkswagen azul, pero cuyo antinatural hedor ya empezaba a sentirse. Lo que antes fue un lugar lleno de bruma y ruido ahora es un tristemente silencioso claro. El potente chorro de aguas espumosas ahora es un triste hilillo de zumo negruzco. El aroma que se pegó a mis fosas infantiles aun permanece. Era una imagen lúgubre, un claro indicio de muchas cosas que se perdieron en el tiempo.

Al fin, logramos salir de este corrompido lugar. Mientras regresábamos a la civilización, pensé por un instante en lo vivido. Por mi mente danzaban imágenes “lovecraftianas” y una nostalgia decadente y deformada. Fue aquella nostalgia, descompuesta y mutilada, la que me hizo dar cuenta de una realidad: no nos encontramos con las almas errantes de los suicidas, ni los espectros vigilantes del hotel, pero lo que logramos ver, definitivamente fue un fantasma.

Inspirado por Hunter S. Thompson y Howard Phillip Lovecraft

QUEBRADA LA VIEJA, UN VERDADERO OASIS EN BOGOTÁ

Por:

Carlos Andrés Salamanca

 

Se suponía que ese Sábado cálido veraniego sería teoría y más teoría, que Hermógenes quien es el  profesor que a mi parecer conoce más la labor periodística  en la universidad, llegaría a las nueve de la mañana a trabajar acerca de la Crónica. Efectivamente, a esa hora llegó con su habitual sonrisa que produce contagio y sus peculiares apuntes, exclamó !Nos vamos a hacer Crónica a la Quebrada la Vieja!

Fue allí donde comenzó  este Sábado soleado, que a lo mejor batisinaba la aventura que se nos vendría. Iniciamos el  recorrido por la carrera 17 con 63, hasta llegar a la carrera 7, unos alumnos hablando entre si, otros solitarios tal vez recordando lo bien que la pasaron la noche anterior o otros tal vez con la mente en blanco.

Al pasar de los minutos y cuando el hambre se hacia inclemente en nuestros estómagos, el profesor acertadamente decidió hacer una “parada técnica” en una  vieja caseta que se encontraba a la vuelta de Caracol Radio en la 67 con 7; y de esta forma unas deliciosas empanadas de arroz con pollo y una pony malta dieron el combustible necesario para seguir nuestro recorrido.

Después de media hora de camino a pie (con parada técnica y todo), atravesando enormes edificios, casas lujosas que guardan aún fachadas de la conquista y el enorme nivel adquisitivo que se denota en este sector, llegamos a la Clle 71 con Av. Circunvalar, y mágicamente de aquella urbe de ciudad que veníamos recorriendo nos encontramos con un silencio profundo, el ruido de los pájaros, el correr del agua, la majestuosidad de nuestra fauna y flora; estábamos por fin en la quebrada la vieja.

Realmente impresionado quedé, cuando adentrándonos en esta quebrada, que proviene de los cerros orientales de Bogotá,  con el barro que cubría nuestros zapatos y con lo inestable que podía llegar a ser caminar por este rustico lugar, veíamos  cuan limpio y hermoso lugar tenemos en nuestra ciudad, con sus aguas cristalinas de consumo humano, me surgió la pregunta de quién estaría detrás de esta obra maestra.

A lo alto de la quebrada nos encontramos con un personaje de esos  que ya casi no se ven, un verdadero protector de la naturaleza, por decirlo así un “Super Héroe” Pedro Ardila, oriundo de Ubaque. Guardabosques de esta hermosa reserva natural; este hombre quien lleva 10 años de su vida dedicándolos día tras día, recorriendo 3 horas diariamente para llegar a su lugar de trabajo, pero siempre con un inmenso amor por su labor ayuda a la conservación de esta área,  recoge las suciedades que algunos inadaptados arrojan a la quebrada, aunque con mucho pesar reconoce que la preservación de esta quebrada y los cuidados que se tienen con esta, de poco o nada sirve, ya que según este humilde trabajador el agua de esta quebrada va a desembocar a las alcantarillas de aguas negras.

Según nos contó el Sr Pedro Ardila, el trabajo de recuperación de este parque no ha sido fácil, desde el año 1984 cuando por iniciativa de Josefina Castro, los vecinos de este sector comenzaron  por sus propios medios a a limpiar y recoger las basuras con sus propias manos. Tiempo después golpearon a las puertas de organismos como el Acueducto de Bogotano, quién los apoyó realizando el cierre de los vertederos de aguas negras que desembocan en el afluente.

Las rejas que dividían estos sectores  fueron reemplazadas por un camino que conecta a la quebrada con la montaña y que cualquiera puede disfrutar, “es un privilegio poder estar  en dos minutos totalmente fuera de la ciudad” según afirma Pedro, quien todos los días recorre este verdadero paraíso, este pensamiento resume el sentir de un grupo de amigos de la montaña que madrugan diariamente a ejercitarse, respirar aire puro, meditar y así bajar con ideas claras antes de irse a trabajar.

Finalmente esta maravilla natural es posible visitarlas de Lunes a Domingo en el horario de 6 am a 10 am y de esta forma constatar por si mismos que Colombia es uno de los países más biodiversos del mundo.

LA RATA EN LA QUEBRADA

Por:

Alexandra Romero

El sábado 4 de septiembre iniciamos nuestra clase de géneros periodísticos a las 8 y 45 de la mañana, nadie pensaba que este día iba a estar lleno de nuevas aventuras. El profesor nos informo nuestro itinerario del día; una  expedición  por los senderos de la quebrada la vieja, un sitio que para entonces era totalmente desconocido para mí, salimos de la universidad y nos dirigimos hacia la avenida circunvalar con calle 71.  Empezamos nuestra caminata  con un grupo pequeño de 13 personas, en la calle 64 con 15 una calle rodeada de prostíbulos, una de esas calles donde al pasar se escucha  un ¡chicas, chicas!. Aunque el grupo era pequeño fue inevitable que algunas personas se quedaran atrás, el profesor iba dirigiéndonos,  pero iba tan rápido que por momentos parecía que fuera solo.

 Su afán era solo por hacer una pequeña parada en la 67 con séptima en una esquinita cerca al edificio de caracol radio que apenas hace solo unos días fue víctima de un carro bomba, su afán era comer, pues según él, sale de su casa muy temprano y no le alcanza el tiempo para desayunar, así que en esa parada aprovecha para comerse 2 empanadas, con un café y un tinto, obviamente también nos unimos a la compra de empanada con cafecito, pues ya eran las 9.30, era justo recibir mi primer alimento del día.

Cuando el grupo ya estaba completo continuamos nuestro camino, por la carrera séptima y subiendo por la calle 71, cerca a esa zona vive el profesor, allí  comenzó nuestro recorrido por el sendero de la quebrada la vieja.

Recibimos la explicación del trabajo de campo que debíamos realizar, y empezar a caminar, aunque no era un terreno extremo y no necesitábamos de mucha indumentaria, no íbamos preparados para caminar como mucho pues no teníamos el traje adecuado que para el caso sería una buena sudadera, unos buenos tenis y agua para hidratarnos por el  camino, muchos íbamos con la típica pinta de un sábado zapatos abiertos,  jean, una blusa , chaqueta  y lo que no falta en las mujeres un bolso lleno de muchísimas cosas, porque como es habitual cargamos muchas cosas todos los días pero no todas las utilizamos.

La primera impresión es ver un paisaje muy bonito con árboles centenarios, flores, rocas, y hasta animalitos pequeñitos poco visibles, que  bueno  poder encontrar paisajes tan bonitos como este, en medio de esta selva de concreto. Dentro de la quebrada hay un caminito  por el cual empezamos a circular, la emoción era bastante pues era la primera vez que salíamos hacer un trabajo de campo de este tipo, Hermogenes dirigía la expedición detrás de él,  el grupo de estudiantes  avanzaba rápidamente, mientras nosotros subíamos, varias  personas habitantes de esta zona bajaba con sus mascotas,  aprovechando el paisaje para pasear sus perritos.

No tardamos más de 5 minutos en subir  de la calle 71 al cruce de la calle 72 donde encontramos al señor Pedro Ardilla; guardabosque de la asociación amigos quebrada la vieja, quien lleva  10 años cuidándola y limpiándola de la contaminación de las basuras que son arrojadas diariamente y de los desechos que dejan las mascotas de las personas que aun no tiene la cultura de recoger los excrementos de sus animales, esta asociación se creó gracias a los propietarios de las viviendas que se preocuparon por mantener viva la quebrada. Mientras hablábamos con don Pedro llego el señor Juan Jacobo Pava un hombre de la tercera edad que sale a tomar aire y a caminar en las mañanas, un hombre que se preocupa por el cuidado de la naturaleza.

Dentro de la quebrada hay camino para avanzar hasta los cerros orientales así que continuamos nuestra travesía, mientras caminábamos  en medio del pasto y los arboles de repente apareció una rata, la primera persona en verla fue Johanna y su reacción un grito ¡UNA RATA, que asco !!!!!  y todas las niñas gritamos,  la pobre rata se asusto con el grito y salió corriendo, gracias a dios no la volvimos a ver,  pasado el susto seguimos  el camino  en medio de grandes árboles, mientras que Mayer y Eder intentaban pasarse por un tronco caído, el agua que circula por esta quebrada se veía muy limpia, aunque no lo suficiente para tomarla, quien quiso tomarla fue Mayer.

Subimos por el sendero de la reserva ecológica perteneciente al acueducto hasta llegar al túnel de los rosales donde encontramos   dos hombres con sus mascotas, dos perros de raza  putt que corrían como locos desesperados por comerse las mariposas que volaban libres cerca a la entrada del túnel. Allí terminó nuestra expedición.

LOS MÁGICOS SENDEROS DE “LA VIEJA”

Por:

Jennifer Enriquez

En aquella mañana soleada, llena de vida y color, empezó un viaje extraordinario a un mundo al que no conocía;  pero del que todos hablaban por su exuberante belleza.

Todo empezó en un camino largo, que no parecía tener fin, salimos por la calle 64  con 16 hasta llegar a la 72 con 7, donde mis sentidos empezaron a notar ese agradable cambio, los árboles iluminados, ese agradable olor de las plantas, ese hermoso sonido del agua que corría por la quebrada, fue maravilloso pero eso no era nada  comparado con lo que iba a vivir más adelante.

En compañía de Hermogenes Ardila, el culpable de esta maravillosa experiencia y mis compañeros de clase empezamos a recorrer ese paraíso, todos sorprendidos por lo que estaba a nuestro alrededor, empezamos a explorar todo aunque no todos estábamos  preparados para ese viaje, teníamos toda la disposición para  hacerlo, fue un poco complicado el recorrido para algunos ya que no contábamos con el equipo necesario para eso y mucho menos la vestimenta ni zapatos.

A pesar de esto, eso no fue impedimento para descubrir todo lo que venía quebrada arriba, durante el recorrido nos encontramos con Pedro Ardila quien lleva 10 años en la asociación amigos quebrada “La vieja”, un guarda bosques que cuida, protege y mantiene limpia esta reserva natural;  entre tanto el nos cuenta que durante este tiempo que ha trabajado  en la Asociación, no solo disfruta de esto sino también, es su fuente de ingresos con la cual sostiene a su esposa y dos hijos. Con una trayectoria de 2 horas, desde el barrio Danubio Azul hasta llegar a la 72 con 1 es su rutina diaria, donde empieza su gran labor ya que gracias a esto ha logrado sacar a su familia adelante.

No siendo suficiente, “La Vieja” tiene muchos seguidores y defensores, es así como aparece un señor de gorro azul, barbado, un poco sospechoso se nos acerco, pero al hablar con él, nos enteramos que es Juan Jacobo Pavas un habitante del sector que vive allí desde hace 30 años; el nos dijo que los edificios de su alrededor  dan un aporte para el mantenimiento y cuidado de esta, ya que  son: “senderos mágicos que hay que cuidar y respetar”  y no solo esto, el nos deja un mensaje a todos los periodistas que debemos tener “espíritu y sentido ecológico”.

Después de esto seguimos subiendo más y más, hasta llegar a un punto donde decía “Bienvenidos a los Cerros Orientales”, la entrada que ya hace parte de la Empresa de Alcantarillado de Bogotá, allí seguimos el acenso, hasta llegar a una puerta grande verde donde descubrimos que es un túnel de Los Rosales.

Durante el camino nos encontramos con unos perros, claro que uno de ellos era muy diferente, sobresalía de los demás este tenía algo especial se comía las mariposas, ara algo nuevo, nunca antes vivido. Luego de vivir esta extrovertida experiencia bajamos lo cerros hasta llegar a un parque donde términos nuestro recorrido.

Todo esto me sirvió para conocer y aprender que un verdadero periodista nace del campo, del estar ahí, en el lugar y no de hacer periodismo encerrados en el mismo lugar.

Santos Recuerdos de Leni Riefenstahl

Lecturas visuales de un evento gubernamental

Por:

Robert Jesurún

“Desde las 6:00 de la mañana, nuestro equipo se encuentra en la Plaza de Bolívar, para transmitir a los colombianos la posesión de nuestro presidente Juan Manuel Santos. Ya desde los mismos preparativos, pudimos ver la increíble pompa de la ocasión, y el equipo de la transmisión oficial, que mandaría la señal por nuestro canal y por la competencia en simultánea, tendría un dispositivo técnico acorde con el momento. Observando la transmisión recordaba mis clases de documental en la Universidad, cuando veíamos en medio del frío auditorio, los densos y espectaculares documentales de Leni Riefenstahl, narrando los eventos organizados por los Nazis. La sensación, pensé, es exactamente la misma. Era solo cuestión de tiempo antes de que Vicky, Johana y los dos Jorges empezaran con su narración. La cosa era en vivo, y el protocolo debía ser respetado.”

“Al mediodía, empezaremos la transmisión. Todas aquellas notas pregrabadas, con las curiosidades de los Presidentes que habíamos hecho con el historiador –Nancy es la que sabe el nombre- y las imágenes que recolectamos de la ceremonia indígena en la mañana estaban editadas y entortadas. Los Jimmy Jib y las docenas de cámaras ya debían estar instaladas. Todos los rincones de la Plaza tenían una cámara, y las panorámicas, teniendo en cuenta las locaciones en las azoteas, serán espectaculares.”

“El almuerzo me cogió en el lugar equivocado. Apagué el televisor del estudio unos segundos para ir a comer. Preciso a Cronos le dio por correr en el momento en que me senté a la mesa, porque al volver, ya eran las dos de la tarde y la transmisión llevaba dos horas de iniciada. Al prender mi pantalla, noté que mis apreciaciones sobre Riefenstahl y la posesión estaban muy cerca de la realidad. Detrás de Johana –que en el momento en que prendí el televisor hablaba de la colocación de las sillas, en un comentario que para mí era bastante descontextualizado- podía vislumbrar una muy buena panorámica de la Plaza, ricamente decorada y engalanada para la magna ocasión. Me senté y vi con detenimiento las hermosas tomas de la Plaza y las panorámicas del centro bogotano. Ya me di cuenta de lo que estaba viendo: la transmisión se diseñó como una celebración a la persona y a la grandeza del presidente entrante. No recuerdo haber visto una emisión tan majestuosa e impresionante en este país. Doña Leni estaría muy contenta.”

“En medio de estas impresionantes tomas y de los muy precisos movimientos de los Jimmy Jib, me detengo a ver las actuaciones de nuestros presentadores. Por alguna razón, los presentadores en estas transmisiones en vivo pierden un poco la formalidad y suelen hacer comentarios más “relajados”, podría decirse, y hay más probabilidades de reír en vivo. Vicky, por ejemplo, era mucho más desparpajada acá que el estilo acartonado que suele tener, en especial al presentar “la cosa política”.  ¿Se acuerdan eso que dije de un protocolo y una actitud que mantener? Olvídenlo, esto hizo que la transmisión fuera un poco más tolerable, ya que el desarrollo de los eventos iba a paso de tortuga y en más de una ocasión –especialmente al inicio- el switcher ponchaba tomas muy similares una y otra vez.”

“Los bostezos y el hipnótico letargo que vivía gracias al copioso almuerzo y a la parsimonia con la que sucedían los hechos en el centro de la ciudad se vieron interrumpidos por el ocasional error que suele ocurrir en este tipo de transmisiones. Sin embargo, la transmisión oficial fue casi perfecta, salvo por algún movimiento súbito que poncharon en mal momento –los Jimmy Jib pueden ser a veces complicados de controlar, y la hiperactiva producción de un evento de estos hace que un camarógrafo sea “capturado” cuando se está acomodando-. Los errores más obvios y graciosos fueron de parte nuestra: sonidos sin mezclar apropiadamente, por lo que teníamos casos como el de una declaración de algún invitado sonando en primer plano, mientras en el fondo el presentador murmura algo que no tiene absolutamente nada que ver. Además, Jorge Alfredo quedó con el Lip Sync[1] desfasado, por lo que el VTR tuvo que hacer una maniobra que aun no entiendo del todo para cuadrar nuevamente lo visto con lo escuchado.”

“Llevo casi una hora de ver el evento y no me había dado cuenta de algo: el evento como tal no había comenzado y los invitados no habían terminado de llegar, al punto que ni siquiera el mismo homenajeado había hecho presencia en el recinto: la puntualidad colombiana en acción. Y es acá donde se ve el lento andar de los acontecimientos y el relleno se pone de manifiesto: vemos cientos de tomas de los invitados entrando, uno por uno, a la Plaza de Bolívar, y para agregar un poco de variedad, tomamos a otros invitados saliendo del Hotel Tequendama. Todo eso intercalado con las consabidas panorámicas y uno que otro plano de los preparativos. Lo único que rompía un poco la monotonía fueron las notas.”

“Al fin, a las 3:33 de la tarde, y después de una buena ronda de tinto, llegó con su familia el nuevo mandatario de nuestro sumiso e ingenuo pueblo colombiano. Un travelling back hecho a puro hombro, un poco tembleque como es de esperarse en este tipo de movimientos toma al Presidente entrante y a su familia bajando a pie por la calle 10 hacia la Plaza. Personalmente, yo hubiera buscado algo más estable: un dolly o una grúa o algo por ese estilo, ya que el movimiento dubitativo del plano le quita esa grandiosidad que estaban buscando. Definitivamente, que tu primer plano como gobernante de un país sea tan inestable es una muy mala señal.”

“Desafortunadamente, todo aquel dispositivo tan bonito que llevaban hasta el momento se cae y se vuelve muy “jarto” cuando la ceremonia como tal empieza. La creatividad en el uso del lenguaje cinematográfico da paso al anquilosado y rígido lenguaje de las ceremonias formales, y los movimientos dan paso a planos fijos del orador de turno y una que otra toma del público ilustre situado en las elegantes sillas. Algo que ya era un poco aburrido se vuelve algo casi insufrible en este punto, y muchas personas ya habrán cambiado el canal (en caso de que tengan cable, porque de lo contrario, se quedarán con esto), o simplemente habrán apagado el televisor y pasado a otras actividades, como pasear al perro, regar las matas o pasar un rato en familia…”

“AL final del largo discurso del presidente entrante, el cual vi a medias entre los constantes cabeceos –el tinto se había agotado en ese punto-, pude ver en un momento algo que me hizo recobrar un poco la conciencia: ¡MOVIMIENTOS DE CÁMARA! Los Jimmi Jib estaban funcionando una vez más y estaban haciendo unas tomas espectaculares de los honores militares al nuevo Jefe de Gobierno. Tomas aéreas, Travellings en muchas direcciones y movimientos precisos hicieron las delicias de este aficionado al audiovisual, trayendo de nuevo aquellos recuerdos de las filmaciones en Nuremberg durante el congreso nacionalsocialista.”

“Normalmente, las posesiones presidenciales suelen ser algo con mucha pompa y protocolo. Pero en esta ocasión, a esta pompa se le agrega un nuevo ingrediente: una suerte de culto al ego y un exhibicionismo casi fascista. Siendo pesimistas, una emisión gubernamental que trae tantas reminiscencias de un lenguaje cinematográfico creado y utilizado bajo un régimen tan dictatorial y maligno es una muy mala profecía.”


[1] Sincronización entre el movimiento de labios con el sonido en una producción audiovisual.